¿HECHO POR MÍ, O PARA MÍ?

Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Mateo 25:34

La fe es invisible; nadie puede mirar dentro del corazón de otro para ver si hay fe en él. Y sin embargo, la fe es muy visible. En el Último Día, Jesús va a señalar la fe visible en la vida de los creyentes; se va a referir a las obras que hicieron, como una evidencia externa de la fe invisible que hay en su corazón. Tales obras no consiguen la salvación pero son fruto de la fe. Lamentablemente, algunos todavía no entienden que la salvación es algo que se hace para nosotros, no algo que hacemos nosotros.

Tenga en cuenta lo que dice Jesús de los creyentes en la descripción que hace del Último Día: dice que son aquellos que “mi Padre ha bendecido”. Están en el cielo no porque ellos lo hayan ganado, sino por lo que el Padre les ha dado. Ellos tienen en sus manos la salvación preparada por Jesús. Incluso la fe que sostiene esa salvación no es por obra de ellos, sino un don del Espíritu Santo de Dios.

Tenga en cuenta que Jesús usa también la palabra herencia. Una herencia es un regalo del que la otorga; no es el pago que se ha ganado por los propios esfuerzos. Así también, el reino de los cielos es el regalo gratuito de Dios, que por gracia me otorga en herencia por lo que su Hijo ha hecho. Para expresarlo con mayor claridad, Jesús dice que es el reino preparado para ustedes, no por ustedes. Dios ha hecho toda la obra: planear mi salvación desde la eternidad, realizarla en el Calvario, y obrar en mí la fe para recibir la salvación por medio del poder del evangelio. ¿Podría yo desearlo de alguna otra manera? ¿Qué podría ser más seguro que un cielo otorgado por los esfuerzos de mi misericordioso Dios?

Oración:

Señor, cuando yo esté en la gloria a tu lado, toda mi alabanza va a ser que tú hiciste todo por mí. Amén.