DORMIR EN LAS TORMENTAS DE LA VIDA

Los discípulos fueron a despertarlo [a Jesús]. “¡Señor!” gritaron, “¡Sálvanos, que nos vamos a ahogar!” (Mateo 8:25)

“¿Cómo puedes irte a dormir tan rápido?” le preguntó el compañero de habitación. Juan tenía un problema del corazón que limitaba mucho sus actividades, y pocas veces iban a visitarlo sus hijos en el hogar de ancianos. Sin embargo, todas las noches, en su cama, él decía sus oraciones en voz alta, luego se daba la vuelta y se dormía. ¿La respuesta de Juan? “Yo le digo mis oraciones a Jesús; y después me voy a dormir. No sirve de nada que permanezcamos despiertos los dos.”

Juan había captado el secreto para dormir en medio de las tormentas de la vida. Los discípulos también lo iban a aprender esa noche en el lago. No estaban durmiendo, pero Jesús sí dormía. La fuerza de la tormenta los había mantenido completamente despiertos; trabajando con los remos, sacando el agua de la barca. El uso de sus considerables habilidades de marineros expertos no sirvió para nada. Incluso habían comenzado a pensar que Jesús no sirvió para nada mientras dormía en esas circunstancias, aparentemente despreocupado.

¡Ellos estaban muy equivocados! Jesús había venido del cielo para rescatarlos del huracán del pecado. Jesús vino para ir a la cruz para que, con las manos perforadas por los clavos, pudiera invitar a las almas zarandeadas por el pecado, diciendo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28). Cuando esas amorosas y todopoderosas manos están presentes en las tormentas de la vida, todos los que navegan con Dios están seguros. Quizás los discípulos no se dieron la vuelta y se durmieron la siguiente vez que se vieron en medio de una tormenta en el lago; pero sí confiaron en que Jesús tampoco estaba dormido. No se trata de que yo deje de remar, sino que comience a confiar en Jesús en las tormentas de la vida.

Oración:

Señor Jesús, en tus heridas está el perdón de todos mis pecados. En tus manos está el alivio para todas las tormentas de la vida. Amén.