EL TEMOR REVERENTE DELANTE DE DIOS

Mas Jehová está en su santo Templo: ¡calle delante de él toda la tierra!

—Habacuc 2:20, Reina Valera 1995

La Biblia enseña que hay «tiempo de callar y tiempo de hablar», y que en muchas ocasiones callar es sabio (Eclesiastés 3:7; Proverbios 17:28)

El texto que meditamos hoy pertenece a una sección que abarca lo dicho desde el versículo 18 al 20. En tal sección Dios denuncia que los babilonios adoraban objetos hechos con sus manos. Ponían su confianza «en su obra»: los objetos «mudos», sin vida, hechos de «madera y piedra». Aunque muchos de estos ídolos eran exquisitas y costosas obras de arte, nunca enriquecieron la vida espiritual de sus adoradores. Por el contrario, tal devoción los hizo necios. (Isaías 44:9–20).

Muchas personas que realizan actos de adoración a íconos y a ídolos paganos, niegan que adoren al ser al que dirigen sus devociones. Pero tanto los ritos como su vocabulario, muestran contundentemente que dirigen su adoración a un ser creado. Puede ser que digan que no adoran la escultura pero sí lo espiritual que ella representa. Lastimosamente lo que ellos dicen que está detrás de la escultura también es criatura de Dios. En mi país hay un alto aprecio por «la Madre Naturaleza». Se le expresa tal aprecio por medio de ritos y ofrendas por los cuales se le pide permiso para hacer uso de las bondades que hay en ella. Así, adoraron las cosas creadas en vez de al Creador y permitían que esos ídolos usurparan el lugar que le correspondía a Dios en su vida. Hacer eso es el pecado de idolatría que Dios lo prohíbe en el Primer Mandamiento.

¿Adónde debería dirigir Babilonia la atención de su adoración? Al templo de Jerusalén, el lugar designado por Dios para escuchar a su pueblo e incluso a los extranjeros de todas las naciones. Donde los pueblos de la tierra deberían permanecer en silencio reverente, como debe de ser la conducta apropiada de las criaturas pecadoras ante el Señor de todo el universo. Así Jehová asegura a Habacuc, que, puesto que es omnisciente, visto la conducta pecadora de Babilonia. Pero que el hombre debe callar con silencio reverente en espera de que Dios lleve a cabo su justo juicio a su debido tiempo. (Apocalipsis 8:1-5)

También nosotros nos hemos lamentado y quejado ante la aparente pasividad de Dios. Por eso merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo vivió en reverencia a Dios en lugar nuestro y padeció, por nosotros, el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer vivir reverentes delante de Dios.

Oración:

Señor, te doy gracias porque por los méritos de tu Hijo Jesucristo soy grato y delante de ti. En gratitud quiero reverenciarte, amarte y confiar en ti sobre todas las cosas. Concédeme alcanzarlo siempre. Amén

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