QUIERO COMPARTIR TODO EL CONSEJO DE DIOS

Escrito está: «Creí, y por eso hablé.» Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos, y por eso hablamos.

– 2 Corintios 4:13

El corazón que continuamente es expuesto al evangelio sentirá la necesidad de compartir la buena noticia. Pero la buena noticia no siempre es bien recibida por todos. Isaías dice: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje?» (Romanos 10:16). El Espíritu Santo inspiró al apóstol Pablo a escribir: «Anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. Porque llegará el día en que la gente no querrá escuchar la buena enseñanza. Al contrario, querrá oír enseñanzas diferentes. Por eso buscará maestros que le digan lo que quiere oír. La gente no escuchará la verdadera enseñanza, sino que prestará atención a toda clase de cuentos» (2 Timoteo 4:2-4, TLA). Esto evidencia que Dios no nos ha mandado tener éxito al compartir la sana doctrina; sino nos ha mandado ser fieles.

A causa de nuestro viejo Adán todos resistimos la sana doctrina y lo hacemos más eficazmente cuando somos adultos. Sabiendo esto, haremos bien en emplear nuestro tiempo y esfuerzo en alimentar espiritualmente a los niños. Especialmente los padres son llamados a ello. Pero compartir todo el consejo de Dios a niños pequeños parece una tarea muy difícil. Sin embargo, si conocemos los temas principales de la sana doctrina no hay mayor dificultad. Estos temas incluyen primero, la interpretación de los diez mandamientos que son un buen resumen de la ley; segundo, la explicación de lo esencial acerca de la Trinidad de Dios y cómo nos salvó; tercero, lo que Jesús enseña respecto a la oración; cuarto, la confesión de pecados; quinto, lo que Jesús enseña de los medios de gracia para perdón, vida y salvación.

A través de los siglos muchas personas han producido ayudas para estudiar estos temas. Estas ayudas son análisis exhaustivos de la Biblia y son útiles para cristianos que enseñan la Palabra a cristianos maduros. Martín Lutero preparó su Catecismo Menor tocando estos temas con el fin de ayudar a los padres a compartir la sana doctrina con los niños. Pero puesto que ese catecismo es un correcto resumen de la sana doctrina, bien puede ser usado también para que los adultos la aprendan de un modo sencillo.

Estamos agradecidos con Dios por todas las ayudas que existen. La Biblia nos dice que cuando el apóstol Pablo enseñó la sana doctrina en Berea, los creyentes «recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba» (Hechos 17:11). En gratitud al amor no merecido con el que Dios nos amó, nosotros vamos a querer hacer lo mismo que los creyentes de Berea.

Oración:

¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Jehová, roca mía y redentor mío! Amén.