“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en todos los problemas” (Salmo 46:1).

DIOS SIEMPRE NOS AYUDA

Los hombres que escribieron este salmo por inspiración de Dios eran descendientes de Coré. Es el mismo Coré que se había rebelado contra Moisés y a quien Dios había castigado. Aunque el desleal Coré había probado la ira de Dios contra el pecado, sus descendientes vivieron para celebrar la misericordia y la gracia de Dios. Nuestro Dios no dejará al culpable sin castigo y aun así mantiene su amor hacia miles, perdonando la maldad, la rebelión y el pecado. ¿Cómo puede este Dios santo amar y perdonar a los pecadores? ¡Mire la cruz de Cristo! Allí el Hijo de Dios sufrió el castigo por los pecados del mundo. Jesús lleva a los pecadores al perdón y a la paz con Dios.

Dios es un amparo para los que confían en él. En la antigüedad, una parte de una ciudad era cercada con muros resistentes como refugio o fortaleza. Las granjas y la mayoría de las moradas permanecían fuera de este refugio. Cuando el peligro amenazaba, la gente huía para ponerse a salvo y defenderse en esas fortalezas.

Los hijos de Coré alabaron a Dios como su amparo. Habían visto la forma maravillosa en que Dios protegió y ayudó a su pueblo de Israel, especialmente a Jerusalén. Por la fe, comprendieron que esto no se debía a las murallas de Jerusalén, sino al mismo Dios que dio al pueblo amparo y fortaleza. Dios no solo los protegió físicamente, sino también protegió sus almas. Actualmente, Dios sigue defendiendo y ayudando a su pueblo, aquellos que confían en su Hijo como su Salvador. Dios siempre está con nosotros. Guarda su palabra y su iglesia a pesar de los constantes ataques del Diablo, de la incredulidad del mundo y de los falsos maestros. Dios provee todo lo que necesitamos para el cuerpo y el alma, aun en tiempos de gran necesidad y conflicto. Dios es nuestro amparo. Su palabra perdura para siempre. Su gracia y su poder nunca fallan.

Pero con frecuencia somos débiles. ¿Qué podemos hacer cuando nos encontramos sumidos en pecados que aborrecemos y tratamos de evitar? Aun así, la palabra de Dios nos recuerda que nuestra liberación del pecado y nuestro lugar en el reino de Cristo no resultan de cuánto creemos o lo bien que guardamos sus mandamientos. Dios es nuestro amparo, nuestro Salvador. Su promesa es segura.

El espíritu confiado y las imágenes fascinantes de este salmo motivaron a Martín Lutero a componer el himno de batalla de la Reforma: “Castillo fuerte es nuestro Dios”. Al recordar la Reforma esta semana, también recordamos las raíces de fe en el consuelo de la palabra de nuestro poderoso Dios y Salvador.

Oración:

Señor Dios, perdona mis pecados y asegúrame tu gracia perdurable en el evangelio. Profundiza mi confianza en tu poder para ayudarme y guardarme. Amén.