“Pero cada uno en su debido orden: en primer lugar, Cristo; y después, cuando Cristo venga, los que son de él” (1 Corintios 15:23)

SOMOS PERSONAS MUY IMPORTANTES

¿Alguna vez ha visto el entusiasmo que hay cuando el presidente de su país llega a una ciudad? Después de que aterriza el avión presidencial, lo recibe una escolta policial. Hay varias motocicletas y camionetas, y varios carros negros con lunas polarizadas a su alrededor. Las luces centellean por todas partes. Es muy emocionante.

Imagínese cuánto más emocionante sería si usted acompañara al presidente. Debido a que es parte de su séquito, recibiría el mismo trato que él. Sería una persona muy importante.

La Biblia dice que todos los creyentes en Cristo son personas muy importantes. Todos le pertenecemos. Formamos parte de su compañía. Sin duda, no merecemos esa estupenda posición. Deberíamos ser separados de Dios y de la vida eterna a causa de nuestros pecados. Pero por medio de su muerte y resurrección, Cristo nos ha reconciliado con Dios. Mediante el poder limpiador de su sangre, hemos recibido la condición necesaria para estar en su compañía.

Jesús resucitó del sepulcro y nosotros también lo haremos. Sin embargo, debemos esperar a que llegue nuestro turno. La resurrección de Jesús vino primero, pero también garantiza la nuestra un día. Cuando regrese en el día final, recibiremos el trato de personas muy importantes. Enviará un séquito celestial de ángeles. “El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16). En la forma más espectacular, nos resucitará con cuerpos glorificados y nos llevará con él a la gloria celestial. Allí nos sentaremos en tronos con él, reinaremos sobre todos nuestros enemigos, incluyendo la muerte y el diablo.

Mientras tanto, nos conformamos con sufrir cualquier problema que Dios nos mande, sabiendo que solo es pasajero. Él es nuestro querido Salvador, que reina sobre todo. No permitirá que los problemas sean más de lo que podamos soportar. Él los quitará a su debido tiempo y en la forma apropiada. El hecho de que le pertenecemos a Cristo nos asegura que tenemos la vida eterna. Lo mejor aún está por venir. El cielo compensará lo que hayamos sufrido o perdido aquí.

Por su gracia asombrosa, somos muy importantes para él. Nos hizo con sus propias manos; nos redimió con su propia sangre; nos santificó con su propio Espíritu. ¡Nada puede cambiar el hecho de que por medio de Jesús somos personas muy importantes para Dios!

Oración:

Padre celestial, te alabamos y te agradecemos por hacernos tus queridos hijos y herederos de la vida eterna por medio de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

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