LA FINALIDAD DEL RESULTADO

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. Hebreos 2:14,15

¿El cielo sobre China será iluminado por más que fuegos artificiales? ¿El Medio Oriente va a exportar junto con su petróleo algo más de su terrorismo? ¿El odio entre los árabes y los israelíes se va a expandir como onda de choque para involucrar al resto del mundo? Nadie lo sabe. Lo que podemos decir con certeza es esto: mientras el mundo permanezca, va a continuar el conflicto, los pueblos van a batallar, y alguien va a perder.

Esto también podemos decir con certeza: las generaciones vienen y se van. Cuando dejamos a los amados padres en el lugar de descanso, nos golpea el hecho de que ahora pertenecemos a la generación más vieja. Algún día, alguien nos va a llevar al lugar de descanso y espero que recuerden donde están nuestras tumbas y planten sobre nosotros lo que permiten los cementerios modernos.

Sobre todo, esto lo podemos decir con certeza absoluta: Jesús destruyó la muerte. Él tomó lo que Satanás utilizaba para intimidarnos y lo volvió contra el diablo. Con el pago que hizo de todos los pecados, Jesús cerró la puerta del infierno y abrió la puerta del cielo de par en par. La batalla ya ha sido peleada, de una vez por todas. La victoria ya ha sido ganada, en su plenitud. Como un perro encadenado, Satanás solo puede usar la muerte para ladrarnos, a menos que nos desviemos y nos acerquemos a él, o nos alejemos del Príncipe de la Vida. Jesús ya ganó la batalla por nosotros. Con él a nuestro lado, cada día es día de libertad.

Oración:

Gracias, Jesús, por haberle quitado el aguijón a la muerte y la victoria a la tumba. Amén.