“Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16)

JESÚS RUEGA POR USTED, PARA QUE RECHACE AL MUNDO Y PERMANEZCA EN ÉL 

El mundo que nos rodea —el sol, la luna y las estrellas, los árboles, los lagos y las flores— era todo perfecto cuando Dios lo creó. Las cosas materiales que nos rodean son, en sí mismas, buenas y no malas. Debemos considerar la tierra como un don de Dios.

Sin embargo, el pecado corrompió el buen mundo de Dios. Y allí es donde entra el problema en el mundo. Así que, cuando Jesús habla “del mundo” en su oración sumo sacerdotal, no se refiere al mundo que creó, sino al mundo que Satanás corrompió.

Ser “del mundo” significa dejar a Dios y amarnos a nosotros mismos; hacer que los placeres, el poder y las posesiones sean nuestros objetivos en la vida; tomar esos dones y usarlos contra la voluntad del dador. Ser “del mundo” significa buscar y hacer lo que le agrada a la carne y no lo que le agrada a Dios.

Sí, la ley natural de Dios está escrita en nuestro corazón. Por naturaleza toda la gente sabe que robar o matar o cometer adulterio es malo. Pero el pecado empañó y corrompió la ley natural escrita en nuestro corazón. La Biblia dice que la mente humana que ahora tenemos es enemiga de Dios y que el reflejo natural es justificarnos y rechazar la ley de Dios.

Por naturaleza una persona todavía sabe lo que es bueno y malo. La conciencia todavía está viva. Pero no hay el deseo de hacer lo bueno. El deseo se encuentra solo en aquellos que han nacido otra vez, es decir, aquellos que han sido bautizados y llevados al reino de Cristo.

Esas personas no son “del mundo”, sino de Dios. Jesús no es “del mundo” y tampoco nosotros, porque somos sus hijos. Sin Jesús no somos nada. Pero Dios, en su misericordia, nos hizo mucho más que solamente “algo” en Cristo. Por amor a Jesús nos adoptó como sus propios hijos, nos perdonó todos nuestros pecados, nos libró del infierno y nos dio la esperanza de la vida eterna.

¿Puede pensar en alguna razón que sea mejor para rechazar al mundo y permanecer con él? Por eso, el Señor Jesús está rogando por nosotros en nuestro texto. Quiere fortalecer nuestra fe y nuestra resistencia a la tentación.

Oración:

Querido Señor Jesús, mientras estamos en el mundo, no permitas que formemos parte de él. Que nuestro corazón y nuestra mente miren fijamente hacia tu cruz, y llena nuestro corazón con el deseo de hacer tu voluntad. Amén.

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