LA INSTITUCIÓN DEL MATRIMONIO

Dejará el hombre a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne.

– Génesis 2:24 (Nácar-Colunga)

El matrimonio es la primera y más antigua institución establecida por Dios. Según la palabra de Dios, el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer quienes se prometen mutuamente vivir juntos en amoroso compañerismo y fidelidad para toda la vida (Mateo 19:5,6; Romanos 7:2). Nuestro creador incluyó, en la ley moral, un mandamiento que protege la vida matrimonial. El Reformador Martín Lutero explica el significado del mandamiento «No cometerás adulterio» con estas palabras: «Debemos temer y amar a Dios, de modo que vivamos casta y honestamente en palabras y obras; y que el esposo y la esposa se amen y honren mutuamente».

Desde el punto de vista de Dios, la unión sexual es todo menos casual. El matrimonio, por lo tanto, no es una disposición humana ni producto del progreso humano o del desarrollo social. Es un don de Dios para la humanidad. Por esto nadie tiene derecho a imponer sus propias normas para el matrimonio disponiendo duración o formas de vínculos alternativos. Según la palabra de Dios el matrimonio es vitalicio y entre un hombre y una mujer que no tiene cónyuge.

Los casados pecamos contra este mandamiento si atentamos contra la integridad del matrimonio cuando, con nuestros actos, destruimos el amoroso compañerismo del mismo. Los hombres si somos ásperos con nuestras esposas; y las mujeres si son pendencieras y rencillosas (Colosenses 3:19; Proverbios 21:19). El adulterio de los casados, la fornicación de los solteros, la lujuria, la homosexualidad y la lascivia son pecados contra el matrimonio por los cuales merecemos toda la ira de Dios en el infierno eterno (1 Corintios 6:18-20; Romanos 1:26-27; 13:13-14).

Cristo nos salvó al vivir una vida perfectamente casta en lugar de nosotros y al sufrir toda la ira de Dios en la cruz por estos nuestros pecados. En gratitud vamos a querer vivir castamente guardando nuestros cuerpos de toda forma de pecado sexual.

Oración:

Señor, en gratitud a la doble sustitución que efectuaste para mi salvación quiero vivir casta y honestamente. Te suplico que me concedas el poder hacerlo. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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