LA PREPARACIÓN DEL CAMINO DEL ADVIENTO

«Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios. Que se levanten todos los valles, y se allanen todos los montes y colinas. Isaías 40:3,4

“No hay montañas en mi vida, ni siquiera una colina. Trato de hacer lo que es correcto. Soy un buen miembro de la iglesia”. ¿Digo yo ese tipo de cosas? Cuando pienso de esa manera, estoy levantando una montaña, estoy apilando mis obras y dejando poco lugar para el Salvador. El Adviento es un momento para que la excavadora de la ley derribe la creciente montaña de mi imaginaria justicia propia y aliste el camino de mi corazón para ir a Cristo.

Isaías dijo que todos los valles van a ser levantados. Cuando yo siento que tengo más pecado que el perdón que tiene Dios, necesito las palabras de Isaías; necesito oír que Dios es amor, necesito oír que el amor de Dios, como una máquina que mueve tierra, ha recogido el perdón de Cristo y lo ha depositado en los puntos pantanosos de mi corazón. Fuera la duda que crece en mi pantano; que mi corazón se llene con la sólida noticia del perdón de Jesús.

“Preparen en el desierto un camino para el Señor”. Dejemos que el mundo maquine sus desvíos y sus curvas; el corazón en el que mora el Cristo Niño se propone seguir por el centro de la línea recta del camino de la vida. El creyente quiere caminar de acuerdo con la Palabra de Dios.

“Arrepiéntase y sea salvo”, decía un letrero. Debajo, un bromista escribió: “Si usted ya se ha arrepentido, por favor ignore este aviso”. Eso no ocurre en la construcción del camino del Adviento; es necesario durante todo el año.

Oración:

Señor, te ruego: golpea mi corazón con tu ley, y después edifícalo con las buenas noticias de Jesús. Amén.