“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo” (Juan 6:51)

UN PAN QUE DA VIDA

Cuando Jesús caminaba con la mujer de Samaria por el pozo de Jacob, le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’; tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Más bien, el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que fluya para vida eterna” (Juan 4:10,14). El agua del pozo de Jacob era agua ordinaria. Al usar esa imagen, Jesús se señaló a sí mismo como un agua especial, un agua viva, un agua que tenía vida en sí, que fue la fuente de vida, vida eterna.

Jesús hizo lo mismo con la imagen del pan que da vida. Hay mucho pan que es pan normal. Pero Jesús es un pan especial, un pan vivo, un pan que tiene vida en sí, un pan que es la fuente de vida.

¿Cómo puede ser esto? Jesús explica, diciendo: “El pan que yo daré es mi carne, la cual daré por la vida del mundo” (Juan 6:51). Por eso Jesús vino a esta tierra, para dar su vida como rescate. Por medio de su vida perfecta e inocente en nuestro lugar y su muerte plenamente expiatoria en nuestro lugar, Dios reconcilió al mundo con él. Lo hizo al no contar los pecados de la gente en contra de ella. Más bien, en su gracia y su amor, hizo que su Hijo, que no tenía pecado, fuera pecado por nosotros. En él se realizó la paga de nuestros pecados. Y ahora el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. Él es en verdad el pan de vida, el pan vivificante que da Dios a un mundo de pecadores muertos de hambre.

Ese es el evangelio, las buenas nuevas de Dios. Sobre eso el apóstol Pablo dice en Romanos 1:16: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree”. Sí, el evangelio de Cristo es un poder. No es solo un pan regular, sino uno especial, un pan vivo, un pan que tiene vida en sí, un pan que es la fuente de vida.

Gracias a Dios que por medio de este pan hemos recibido vida, porque el mensaje de vida en Jesús lo usó el Espíritu Santo para obrar fe en nuestro corazón, porque la “fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Oración:

Gracias, Espíritu Santo, porque hemos recibido vida por medio de la palabra viva y perdurable de Dios, el pan de vida. Amén.

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