LA PRIMERA ORACIÓN DEL DÍA

Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba.

– Salmo 3:5 (Reina-Valera 1995)

Muchos que anoche se acostaron para dormir, hoy no despertaron vivos. Pero entre los que sí hemos despertado con vida, una gran mayoría no toma en cuenta que fue Dios quien les concedió vivir este día más. El Rey David, quien escribió el texto de hoy, estaba consciente que cada mañana que despertaba sano y salvo, lo hacía por la misericordia de Dios. Él tenía buenas razones para estar agradecido y dedicar sus primeros pensamientos y palabras a la gratitud a Dios en oración matutina. ¿Cuándo fue la última vez que nosotros hicimos eso?

Entre los muchos pecados que los seres humanos cometemos, existen lo que llamamos pecados de omisión. No presentar nuestra adoración a Dios en oración es un pecado de omisión contra el Segundo Mandamiento (cf. 1 Samuel 12:23). Dios quiere que le invoquemos en adoración y esa debería ser nuestra primera acción y pensamiento del día. Pero muchas veces nuestros afanes, preocupaciones y proyectos ocupan ese sagrado tiempo. Por esto merecemos toda la ira de Dios. Cristo, siendo nuestro doble sustituto, oró de madrugada en lugar nuestro y murió pagando este pecado por nosotros. En gratitud y como fruto de arrepentimiento, vamos a querer adorar al Señor con oración matutina.

Martín Lutero, en su breve instrucción cristiana, da un ejemplo de cómo puede ser la oración matutina: «Por la mañana, al levantarte, te signarás con la señal de la cruz y dirás: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Después, de rodillas o de pie, orarás el Padrenuestro y confesarás el Credo. Si quieres, podrás añadir esta oración breve: “Te doy gracias, Padre mío del cielo, por Jesucristo tu Hijo amado, por haberme guardado de todo mal y del peligro durante esta noche, y te ruego que me sigas protegiendo durante la jornada contra los pecados y contra todo mal, para que todos mis actos y mi vida resulten de tu agrado. A tus manos me encomiendo y en ellas pongo mi cuerpo, mi alma y todo. Que tu santo ángel me acompañe, para que nada pueda contra mí el enemigo. Amén”. Después, entrégate con gozo a tu trabajo, y acompáñate con un cántico como el de los Diez Mandamientos o lo que tu devoción te sugiera».

Oración:

Padre celestial, no siempre dedico mi primer pensamiento hacia ti, y cuando sí lo hago, no lo hago perfectamente. Estoy arrepentido y confío en Jesucristo, quién sí lo hizo perfectamente en lugar mío y pagó por este mi pecado. Concédeme que sea fiel en adorarte en oración matutina. Por Jesucristo tu Hijo. Amén.