“¡Con nosotros está el Señor de los ejércitos! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!” (Salmo 46:7)

CON NOSOTROS ESTÁ EL SEÑOR 

Nuestro mundo moderno ansía el progreso. Mientras el hombre piense que está avanzando y adelantándose, todo está bien. No importan los crímenes, los conflictos, la ansiedad y la corrupción. La gente sueña con la perfección, estar con Dios o ser como Dios, estar libre de maldad y decadencia.

La Biblia nos da buenas y malas noticias acerca de la suerte del hombre. Somos pecadores y no podemos hacer nada para cambiar esa condición. Pero Dios nos envió a su Hijo a redimirnos del pecado. Ya que Dios nos declara justos mediante la fe en Cristo, tenemos paz con Dios por medio de él. Dios ya no nos condena; el pecado ya no nos condena. Somos una nueva creación en la cual Dios mora por su Espíritu. Él es nuestro refugio.

Esta promesa de liberación resplandece en la forma que Dios se describe en la Biblia. Igual como escribimos nuestra firma personal en documentos importantes, así Dios firmó personalmente las promesas de su pacto para los israelitas. Su nombre, el Señor, en hebreo significa literalmente: “Yo soy”. Por su propia voluntad, Dios muestra su gracia gratuita y fiel hacia los pecadores. Él no cambia. Dios eligió estar con nosotros y redimirnos a causa de su gran amor y misericordia.

El título “Señor de los ejércitos” revela que es el comandante de innumerables huestes celestiales. El Señor envía a sus ángeles para cuidar y guardar a los que ha llamado a la vida eterna por medio de la fe en Cristo. Dios no solo revela su presencia, sino su misericordia hacia nosotros y su poder absoluto para guardarnos.

“Aun si están demonios mil prontos a devorarnos, no temeremos, porque Dios sabrá aún prosperarnos” (CC 129:3). La gracia y el poder de Dios nos protegen.

“¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!”. Jacob, nieto de Abrahán, fue uno de los primeros antepasados de los israelitas. La Biblia nos dice que Dios reprendió al astuto Jacob y le enseñó a confiar y a seguir la palabra de Dios en vez de confiar en sus propias ambiciones. También se nos muestra que Dios libró fielmente a Jacob durante muchos peligros y dificultades.

Como Jacob, tendemos a confiar en nuestras propias artimañas, correctas o equivocadas, en vez de confiar en el Señor y seguirlo. También enfrentamos muchos sufrimientos en el camino de la vida. Pero el Dios que dirigió y protegió a Jacob también nos cuida a nosotros. Por medio de la fe en Cristo compartimos las bendiciones que fueron prometidas a Jacob.

Debido a que Jacob ha entrado a la vida eterna, Dios todavía es el Dios de Jacob. Nada en la vida o en la muerte puede separarnos del Salvador, que ha elegido estar con nosotros y defendernos. ¡Hoy y siempre, este Dios es nuestro Castillo fuerte, defensa y buen escudo!

Oración:

Oh Señor, en ti he puesto mi confianza. Guárdame en tu gracia siempre. Amén.