POBREZA ¿BENDICIÓN O MALDICIÓN?

Escúchenme bien, hermanos queridos: Dios eligió a la gente pobre de este mundo para que la confianza en Dios sea su verdadera riqueza, y para que reciban el reino que él ha prometido a los que lo aman. ¿Cómo se atreven ustedes a maltratar y despreciar a los pobres? ¿Acaso no son los ricos quienes los maltratan a ustedes y los meten en la cárcel? ¿Acaso no son los ricos los que insultan a nuestro Señor?

— Santiago 2:3

Por siglos las personas han estado divididas respecto a la gente pobre. Unos imaginan que no ser pobre es evidencia de ser buen creyente. Otros creen que ser pobre es un mérito para ganar la salvación. ¿Qué dice la Biblia?

La Biblia es clara respecto a la pobreza y los pobres. Primero, Dios dio a nuestros primeros padres, Adán y Eva, todo un planeta lleno de abundante riqueza. Tras la caída, el ser humano aprendió lo importante de cuidar los bienes de los cuales somos mayordomos. Sin embargo, se han dado opiniones muy dispares al respecto. Hay quien se imagina que ser pobre es un mérito que ayuda a ganar el cielo y algunos textos parecen apoyarlos: «Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. […] Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre!» (Lucas 6:20-25). Incluso hay un versículo en los apócrifos que ayudó a sembrar la idea de que dar limosna gana la salvación: «El dar limosnas consigue el perdón de los pecados» (Sirácida 3:30, DHH). La Biblia entera está en contra de tal idea. Los únicos pobres de los cuales es el reino son los pobres que siguen a Cristo con fe salvadora.

El ser rico en sí no es malo. Dios no condena el tener dinero, pero sí condena el amor al dinero y a las riquezas, pues tal amor ocupa el lugar del amor a Dios (1 Timoteo 6:10). Por tanto es un pecado contra el primer mandamiento por el cual meremos toda la ira de Dios. Jesucristo siempre puso en primer lugar al Padre (Juan 19:5). Lo hizo en lugar de nosotros y fue a la cruz para sustituirnos al recibir el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer amar, temer y confiar en Dios sobre todas las cosas.

Oración:

Señor, en gratitud a la doble sustitución que efectuaste para mi salvación quiero ser un fiel mayordomo de los bienes con los que me bendices de manera que llegue a proveer para la obra de la iglesia, para el sustento mío y de mi familia, para dar al necesitado, y para pagar mis impuestos. Te suplico me concedas el poder hacerlo. Amén.

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