EL GRAN MANDAMIENTO

Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es. Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes.

– Deuteronomio 6:4-7 (RVR1995)

La palabra «oye» con la que comienza el texto que hoy meditamos es la traducción de la palabra hebrea «Shemá», que significa «escucha, presta atención». Por muchos siglos los judíos han llamado «Shemá» a este texto considerándolo el más relevante de la Biblia. Cada día lo incluyen en su tiempo devocional tanto al empezar el día como al concluirlo repitiéndolo en su integridad.

Dios mandó a los israelitas creer y repetir el Shemá como su confesión de fe, su credo. Pero el Shemá no solo debía ser creído y confesado. También debía ser enseñado, en las familias, por los padres a los hijos. Dios quiso que la educación en la fe fuera una tarea familiar. No quiso que la educación bíblica fuera limitada a los sábados. Dios mandó que los padres debieran hablar a diario con su familia sobre su relación con su Dios salvador (Salmo 78:4-7).

La trasmisión de la fe a nuestros hijos es la principal responsabilidad de los padres. Pablo escribió: «Padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor» (Efesios 6:4, NBH). Cuando son los padres quienes encamina a sus hijos en la fe, las buenas noticias acerca de Jesús y la vida que fluye de la fe cristiana son transmitidas y no solo enseñadas, porque los hijos siguen el ejemplo de los padres. Como creyentes agradecidos por la doble sustitución que efectuó Cristo a favor nuestro para redimirnos, vamos a querer transmitir la fe a la generación siguiente de nuestros familiares, a nuestros hijos y a los hijos de sus hijos.

Oración:

Señor, en gratitud a la doble sustitución que efectuaste para mi salvación quiero compartir tu enseñanza a mi familia, especialmente a los niños y jóvenes. Te suplico que abras mis labios y me concedas el poder hacerlo fructuosamente. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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