(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 3:20-35)

TODOS SE INCLINARÁN.

Terrible será Jehová con ellos, porque destruirá a todos los dioses de la tierra, y se inclinarán ante él, desde sus lugares, todas las costas de la tierra.

—Sofonías 2:11, Reina-Valera 1995

Sofonías anunció el juicio que Dios enviaría contra los rebeldes habitantes de los territorios de la tierra santa. No solo hay juicio contra el reino de Israel y el reino de Judá sino también contra las naciones de Moab y de Amón que se constituyeron a sí mismas en enemigas del pueblo de Dios del Antiguo Testamento (2:8).

La gente de Moab y Amón era descendiente de las hijas de Lot, quienes embriagaron a su padre para quedar encinta de él. Sin embargo, en lugar de apoyar al pueblo de Dios, estos pueblos se unieron a los enemigos de Israel. Los libros de Reyes y Crónicas informan de las muchas maneras que ellos actuaron en contra de Israel. Por esto el Señor anuncia por medio del profeta Sofonías que tanto Moab como Amón serían destruidos de manera similar a como lo fueron Sodoma y Gomorra (2:8). La palabra de Dios se cumplió exactamente, pues todas estas poblaciones fueron destruidas de tal manera que no se hallaron vestigios de que siquiera hayan existido. Ellas son un elocuente referente de la destrucción próxima de la humanidad, pecadora e impenitente, en el juicio final (2 Pedro 3:10)

Sin embargo Sofonías anuncia la existencia de un remanente del pueblo de Judá que sería salvo. Ese remanente retornó a la tierra de Israel y esperó la venida del Mesías. Jesucristo celebró el Nuevo Pacto con ese remanente e instituyó la iglesia. A ese remanente constituido en iglesia de Cristo se han unido otras naciones, tal como Sofonías lo anuncia en el texto de hoy. Los miembros de la iglesia, tanto judíos como gentiles, no son salvos por sus propios méritos sino por los del Mesías, pues Jesucristo vino para obedecer perfectamente la voluntad de Dios y para morir en la cruz pagando los pecados de todos y así salvar a todo aquél que en él cree. En gratitud vamos a querer fortalecer la fe, con la que hemos sido salvados, haciendo uso diligente de los medios de gracia: al escuchar el anuncio de las buenas noticias de salvación en la predicación y al participar de los sacramentos del bautismo y la santa cena, que Jesucristo nos ha encomendado.

Oración:

Misericordioso Jehová, como Israel, Judá, Amón y Moab merezco toda tu ira y la condenación eterna en el juicio final. Pero gracias a los méritos de Jesucristo, el Mesías prometido he sido perdonado y me has extendido tu misericordia. Concédeme que, en gratitud, mi vida entera esté consagrada a ti, Señor.  Amén.  

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