JESÚS ES COMPASIVO

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

—Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino.

Los discípulos objetaron:

—¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud?

—Mateo 15:32-33

El agua, el aire, el alimento y el descanso son cosas que tienen máxima prioridad para nuestra subsistencia. Los televisores, computadores, e incluso los libros no son indispensables pues podemos existir sin ellos. Pero morimos al poco tiempo de no dormir o de no beber agua. Cierta ocasión Jesús, conversando con Martha, la hermana de Lázaro le dijo: «sólo una cosa es necesaria» ¿Cuál es esa única cosa necesaria? Es la Palabra de Dios. Él, con la ley moral de su Palabra, nos muestra nuestra triste condición pecaminosa. Con el evangelio nos da a conocer cómo solucionó este problema. Sin aire podemos morir, pero sin la Palabra de Dios morimos eternamente.

El texto que hoy meditamos nos dice que una gran multitud de personas habían seguido al Señor por tres días seguidos escuchando su Palabra. Estas personas dieron prioridad a la cosa más importante. Jesús ve que es necesario que retornen a sus actividades cotidianas pero no quiere despacharlos hambrientos pues siente compasión por ellos. Como antes ya lo había hecho, Jesús realiza el milagro de la multiplicación de los panes y pescados. Es esa compasión que Dios tiene por nosotros la que lo mueve a hacer el milagro y también a pagar el precio de nuestra salvación. Dios es compasivo. Por eso vino, como un ser humano, a obedecer perfectamente la ley moral en lugar nuestro y a recibir el castigo por nuestros pecados. En gratitud vamos a querer ser compasivos con nuestro semejantes ayudándoles a ver la gravedad del pecado y sus consecuencias eternas y a conocer las buenas noticias de salvación.

 

Oración:

Amado Padre, no he sido así de compasivo como lo es tu Hijo Jesucristo. Pero tú, él y el Espíritu Santo continuamente son compasivos conmigo. Me buscaste cuando yo huía de ti. Me amaste cuando no merecía ser amado. Me salvaste cuando soy merecedor de toda tu ira. Gracias por tanta misericordia y compasión Amén.  

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