UN NUEVO AÑO, PERO LA MISMA PROMESA

«Vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.» (Juan 14:3)

“¿Ya llegamos?” “¿Cuánto tiempo más?” A los cinco minutos de estar en camino, los niños que van en el asiento de atrás comienzan a hacer esas preguntas.

Y también nosotros las hacemos. En efecto, cuando un año le da paso al siguiente, surgen esas preguntas con mayor frecuencia. ¿Cuántos años nuevos nos quedan? ¿Cuántos días de este nuevo año serán para nosotros? Dejamos las respuestas a todas esas preguntas en las manos del Señor; él sabe mucho mejor que nosotros cuál ha de ser la medida de nuestros días.

Sin embargo, nosotros sabemos a dónde vamos; el mismo Señor nos lo ha dicho. Jesús dijo que vamos a estar donde él está. A ese lugar lo llamamos cielo, pero no sabemos su ubicación. Sabemos algunas cosas sobre ese lugar, aunque a nosotros, que estamos tan acostumbrados a este valle de lágrimas, nos cuesta mucho imaginar una existencia totalmente libre de tentación, de lágrimas y tribulaciones. Lo mejor de todo es que el cielo consistirá en estar con Jesús.

Y sabemos cómo llegar allá: Jesús nos ha dado muy claramente la respuesta a esa pregunta. El único camino es a través de su sangre que nos ha limpiado de todo pecado y de su justicia que es nuestra vestidura para el cielo. Esa es su promesa, que sigue siendo verdadera en el nuevo año y por la eternidad.

Oración:

Señor Jesús, te pedimos nos conserves siempre listos para el cielo, cubriéndonos con tu sangre y tu justicia. Amén.