“Por eso mismo ustedes pagan los impuestos, porque los gobernantes están al servicio de Dios y se dedican a gobernar. Paguen a todos lo que deban pagar, ya sea que deban pagar tributo, impuesto, respeto u honra” (Romanos 13:6,7)

EL PUEBLO DE DIOS PAGA LOS IMPUESTOS 

No siempre es fácil sentirse agradecido del gobierno cuando se aproxima la fecha de pagar los impuestos. El tiempo de pagar impuestos es más bien un recordatorio doloroso de que los servicios federales, estatales y locales no son gratuitos y tampoco baratos.

Satanás encuentra aquí un campo fértil para plantar semillas de resentimiento. Nos duele pagar los impuestos federales, estatales y municipales porque estamos seguros de que los impuestos son más elevados de lo que deben ser. Nos duele desembolsar ese dinero, porque no siempre estamos completamente de acuerdo en cómo se gasta. Y estamos seguros de que los ciudadanos que están en nuestro nivel de ingresos siempre llevan la mayor carga fiscal. Entonces viene la tentación de ajustar las cifras un poco, de omitir reportar un pequeño ingreso aquí o allá, y reclamar unas cuantas deducciones que sabemos que no son totalmente justificables.

Evadir la legítima responsabilidad que tenemos como ciudadanos es poco patriota y poco cristiano, ya sea que involucre un poco de dinero o mucho. Los emperadores de Roma no eran precisamente modelos de piedad cristiana, incluso se permitían ser adorados como dioses.

Sin embargo, Jesús obedeció la ley de ellos al pie de la letra.

“Muéstrenme la moneda del tributo… ¿De quién es esta imagen, y esta inscripción?’

“Le respondieron: ‘Del César”.

“Y él les dijo: ‘Pues bien, den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:19-21). Jesús se sometió al gobierno romano, aunque sabía que dentro de una generación las legiones romanas destruirían la santa ciudad de Jerusalén.

En su palabra está claro que Dios quiere que nos sometamos sin quejas a todas las leyes de nuestro gobierno, sin importar lo impopular que estas puedan ser. Esto quiere decir someterse a las leyes de impuestos, a las leyes de límites de velocidad en las carreteras, a la mayoría de edad local y a las leyes del servicio militar y las leyes antidrogas, ya sea que piensen que estas leyes son sabias o no. No es una marca del cristiano obedecer solo aquellas leyes con las cuales está de acuerdo o piense que se aplican a él. En humildad, seguiremos la guía de Cristo de preferir el sufrimiento que pueda parecer un injusticia ahora, mientras ponemos nuestro corazón en las glorias de la vida por venir.

Oración:

Querido Señor, ayúdanos a asumir los deberes de nuestra ciudadanía sin quejarnos. Guíanos siempre a darle al César lo que es del César y darte a ti lo que te pertenece. Amén.

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