LA JUSTIFICACIÓN APLICADA

Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

– Mateo 28:19 (Nueva Biblia de los Hispanos).

Cuando se trata entender la salvación de la humanidad necesitamos recordar la historia de Adán y Eva narrada en Génesis: «Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: “Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás”.» (Génesis 2:15-17). Por causa de su desobediencia Adán y Eva murieron el día que comieron el fruto prohibido. En relación con la salvación morir significa que desde ese momento Adán y Eva quedaron incapacitados para poder salvarse por sus propias buenas obras. Cuando Adán recibió este mandato de Dios, estaba vivo en el pleno sentido del término; estaba unido a Dios por el lazo de amor y de confianza más íntimo. En el lenguaje de la Escritura, eso es estar vivo. Pero el lazo se rompería si Adán no obedecía a Dios. Si así lo hacía, se separaría de él. En el severo lenguaje de la Escritura, eso es estar muerto. Y como evidencia de que su más alta criatura se había apartado de su amoroso Creador, estaría desde entonces sujeto a la muerte física, es decir, a la separación del cuerpo y el alma. Después de la Caída los descendientes de Adán nacen muertos espiritualmente e incapaces de restaurar por sí mismos la relación con Dios. ¿Qué puede hacer un muerto para volver a vivir? Absolutamente nada.

La salvación aplicada a la humanidad significa resucitar a los muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1). ¿Cómo sucede esto? Solo por el poder de Dios. El hombre no colabora absolutamente de ninguna manera. Dios envía a sus siervos para predicar la buena noticia y es el poder de esa buena noticia el que resucita a los pecadores (Romanos 1:16; 10:17). Dios el Espíritu Santo, obrando en la palabra del evangelio, siembra fe salvadora en el corazón del pecador que está aterrorizado por la ley cuando éste escucha el evangelio. Esa fe sembrada le es contada por justicia y así Dios declara justo al pecador. Dios hace esto por medio del evangelio visible y predicado. El evangelio da el perdón de pecados al pecador arrepentido como un don gratuito. El verdadero evangelio es gratis. Cristo pagó el precio de la salvación, pero él no vende esa salvación; la regala. La justificación ganada por Cristo para toda la humanidad es aplicada a cada persona mediante el evangelio. Dios asignó a la iglesia la misión de hacer discípulos y le dijo la manera de hacerlo: «bautizándolos». El bautismo y la Cena del Señor son formas del evangelio visible pues nos dan el perdón de pecados ganado por Cristo (Hechos 2:38; Mateo 26:28).

Oración:

Dios misericordioso, gracias te doy por tu evangelio visible y predicado, pues tengo fe salvadora solo gracias a las buenas noticias de salvación en Cristo. Amén.