POR MÍ, ÉL MURIÓ

[Cristo] me amó y dio su vida por mí. Gálatas 2:20

Aunque nosotros en el Siglo XXI podamos vivir más años que nuestros abuelos, finalmente la estadística permanece la misma. Todos moriremos. La muerte espera hasta tomarnos a cada uno de nosotros con sus frios brazos.

¿Y entonces qué? Entonces viene lo impensable, no sólo ser borrado de la tierra de los vivos físicamentesino, sino de la vista del Dios misericordioso en el infierno que no tiene fin. Eso no es lo que Dios quiso para mí. Él quiso que yo viviera por siempre con él en perfectas paz y armonía. Pero el pecado trajo su pago de la muerte.

¿Entonces por qué Jesús tuvo que morir? El Dios justo había advertido: “todo el que peque merece la muerte” (Ezequiel 18:20). Jesús no cometió pecado. Sin embargo él murió, con una muerte tan espantosa que lo hizo decir en voz alta: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). La plena furia de la ira del Dios justo y la plena fuerza del dolor del infierno fueron derramadas sobre él en la cruz. Cuando Dios miró a su santo Hijo, vio sobre él la plena carga de los pecados del mundo. Con la muerte de Jesús el mundo fue redimido. “Consumado es,” pudo decir Jesús del pago del pecado, cuando él ponía su santa alma en las manos de su Padre celestial.

¡Todo esto para mí! Aunque todavía todos los días la muerte zumba como una abeja a mi alrededor, no me puede hacer daño. Jesús ha quitado su aguijón. Su muerte es mi muerte; su pago por el pecado también me cobija a mí. Él se refiere a nosotros también cuando él afirma: “todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (Juan 11:26).

Oración:

Señor, gracias por haberte ofrecido a ti mismo por mis pecados, para que yo pueda vivir contigo en el cielo. Amén.