LA CARNE, GRAN ENEMIGA DE DIOS

La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.

– Romanos 8:7-8

¿Por qué Dios permite tanta maldad y sufrimiento? La gran mayoría de nosotros nos hemos hecho esta pregunta. Pero pocos preguntan: ¿Quiénes quedarían si Dios eliminara a los causantes de todo el mal y sufrimiento que hay en la tierra? No quedaría ninguno. Cada ser humano tiene su cuota parte en este problema. Incluso los creyentes cristianos somos culpables, pues nuestra pecaminosidad es la causa para que el problema surja y persista.

Aunque nacemos vivos físicamente, todas las personas nacemos espiritualmente muertos en el pecado. Por eso, nada podemos hacer para salvarnos. Dios ofrece la salvación gratuitamente en el evangelio. Pero, nadie puede aceptar la oferta. Porque por naturaleza, nadie tiene la vida espiritual que se necesita para hacerlo. Las personas no sólo están muertas en el pecado, sino todas toman parte activa en la hostilidad hacia Dios. Dios dice: «Haz esto», y el hombre natural responde: «No quiero hacerlo como tú quieres». Dios dice: «No hagas esto», y el hombre natural responde: «Haré lo que me dé la gana». Esta rebelión espiritual da como resultado pensamientos, palabras, y hechos, contrarios a la voluntad de Dios: «Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gálatas. 5:19–21).

Nuestra vida humana permanecería para siempre tan impía como aquí es descrita si no fuera por la obra del Espíritu Santo: él crea la fe a través del evangelio. Hace que las personas tengan corazón nuevo, mente nueva, y sentido de dirección nuevo. Permite que los cristianos vivan la nueva vida. A esta obra, por la cual el Espíritu Santo da poder a los cristianos para vivir la nueva vida por medio de la fe en Jesús, la Biblia la llama santificación. Este es el significado de la santificación en sentido estrecho y quiere decir «vivir de manera santa». Dios quiere que vivamos de manera santa y el Espíritu Santo quiere ayudarnos a lograrlo. Por esto Pablo escribió: «Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación» (2 Corintios 7:1). La santificación en ambos sentidos es obra de Dios. Él tiene el mérito de todo esto.

Oración:

Amoroso Espíritu Santo, gracias te doy por tu amor incondicional, pues me has santificado en sentido amplio y ahora me santificas en sentido estrecho. Amén.