“Padre, quiero que donde yo estoy también estén conmigo aquellos que me has dado, para que vean mi gloria, la cual me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24)

JESÚS RUEGA PARA QUE TODOS LOS CREYENTES ESTÉN CON ÉL 

Los ancianos con frecuencia hablan del deseo de dejar este mundo para estar con su Señor en el cielo. Sus cuerpos han envejecido; sus amigos, cónyuges y parientes se han ido antes que ellos; están listos para irse con su Salvador.

Jesús ruega para que todos los creyentes vayan a él. Esta oración de Jesús se remonta a toda la eternidad al amor eterno de Dios y, al mismo tiempo, se extiende a toda la eternidad a las bendiciones que serán nuestras. Quiere que experimentemos su gloria en la dicha del cielo. Su gloria es el resplandor del cielo.

Ahora conocemos la gracia de Dios por medio de su palabra, pero en el cielo contemplaremos la gloria de nuestro Señor con nuestros propios ojos. El velo del pecado se quitará por completo. Job dijo: “También sé que he de contemplar a Dios, aun cuando el sepulcro destruya mi cuerpo. Yo mismo seré quien lo vea, y lo veré con mis propios ojos” (Job 19:26,27). Entonces veremos y comprenderemos más plenamente la misión gloriosa de Jesús de salvar a todos los pecadores. Contemplaremos los raudales de amor que emanarán del Hijo glorioso. Veremos la gloria que ha sido parte de Cristo desde antes de la creación del mundo.

Jesús ora con confianza. Podemos estar seguros de que experimentaremos esta gloria celestial a causa de la obra de Cristo. Desea que lo acompañemos. Su obra vicaria es suficiente para toda la gente. Pagó el precio por nuestros pecados. Jesús mantiene seguros a sus elegidos contra todos los enemigos. La propia felicidad de Cristo se completará cuando sus elegidos lo acompañen a la gloria sin fin en el paraíso. La consumación de nuestra esperanza y gozo cristianos, conforme a esta oración, se efectuará cuando veamos la gloria de nuestro Redentor. Cuando entremos en el cielo, contemplaremos la cabeza que una vez estuvo coronada de espinas y ahora está adornada de honor imperecedero. Serviremos al eterno Hijo de Dios en poder. Esa es la meta final de nuestra fe —la vida eterna, la gloria eterna en Cristo y con Cristo.

Oración:

Querido Jesús, has preparado un hermoso hogar para mí en el cielo. Guárdame cerca de ti en la fe hasta que finalmente me lleves contigo. Amén. 

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