DIOS ES DIOS DE PAZ

Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará.

– 2 Tesalonicenses 1.23-24

Detrás de la escultura de un hombre forjando en arado su espada, en la Plaza de las Naciones Unidas se encuentra una pared en la que están escritas estas palabras: «Batirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas; nación no levantará espada contra nación, ni aprenderán más la guerra». Lo sorprendente es que la gran mayoría de naciones miembros de esta organización tienen los mayores presupuestos asignados para el gasto militar. La tan anhelada paz mundial es todavía inalcanzable. ¿Por qué?

El texto que se encuentra en la Plaza de las Naciones Unidas está citado fuera de contexto. Isaías profetizó que: «En los últimos días, […] Muchos pueblos vendrán y dirán: “¡Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob!, para que nos enseñe sus caminos y andemos por sus sendas.” Porque de Sión saldrá la enseñanza, de Jerusalén la palabra del Señor. Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra» (Isaías 2:2-4). Esto nos dice que la paz universal solo puede venir del Dios de Paz a través de su Palabra. Los hombres pueden hacer acuerdos de paz, pero no pueden cambiar ni eliminar la fuente de la falta de paz: el pecado del hombre. No hay paz mundial porque el hombre no puede tener paz consigo mismo ni con su prójimo mientras no esté en paz con Dios.

Dios envió a Jesucristo para traer la paz, como está escrito: «Por medio de Cristo, Dios hizo que todo el universo volviera a estar en paz con él. Y esto lo hizo posible por medio de la muerte de su Hijo en la cruz» (Colosenses 1:20 TLA). La paz con Dios está disponible para todos pues, como lo dijo Pedro: «Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos» (Hechos 10.36). La Biblia enseña que la paz con Dios no se consigue a través de nuestras buenas obras, ni por pedirla o tratar de merecerla. Nadie está en paz con Dios por sus propios méritos. Mas bien, Cristo nos ofrece esta paz gratuitamente cuando el evangelio nos es anunciado. Este evangelio tiene el poder de impartir fe a nuestros corazones. Si tenemos la fe salvadora, de nuestros corazones brotará una confesión por nuestros labios que afirmará que estamos en paz con Dios, no por lo bueno que hicimos, sino por lo que Cristo hizo a favor de nosotros. Él obedeció perfectamente en lugar nuestro y que fue castigado en la cruz por nosotros.

Oración:

Dios de paz, confieso que por los méritos de tu Hijo estoy en paz contigo. Amén.