VIDA DESDE AHORA

Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna. 1 Juan 5:13

El seguro de “vida” en realidad no asegura la vida; me proporcionará beneficios cuando muera. Y esos beneficios son para otros, no para mí. Sigo pagando las primas para que lo reciban otros, mis seres queridos, cuando yo muera.

Jesús es mi verdadero seguro de vida. Su póliza no promete un beneficio en efectivo sino la vida que nunca termina. Ese beneficio no es para los que me sobrevivan sino para mí. Y yo no tengo que morir antes de hacerlo efectivo: “[ustedes] tienen vida eterna”, escribe el apóstol en nuestro versículo. Yo tengo la vida eterna ahora mismo. Desde el momento en que el Espíritu Santo, por medio del evangelio, obró la fe en mi corazón, estoy eternamente vivo. Desde ahora puedo disfrutar de la pertenencia a la familia de mi Padre celestial, de la seguridad de su protección como hijo suyo, y de la segura promesa de un hogar en el cielo. No tengo que esperar hasta el día de mi muerte para recibir los beneficios de este maravilloso seguro de vida; puedo hacerlo efectivo y beneficiarme de él cada día. Y eso produce una gran diferencia en mi vida. Mientras viajo por este camino lleno de baches, mi corazón se alegra en la vida eterna que ya tengo; puedo soportar los problemas de la vida, sabiendo que la vida eterna que ya tengo será mucho mejor en el cielo.

¿Y qué pasa con la prima del seguro? El Hijo de Dios la pagó en su totalidad. Es por eso que puedo estar seguro de la vida eterna. Jesús, con su vida de perfecta obediencia a la voluntad divina, su muerte vicaria y su resurrección, pagó por mí el costo total de la vida que nunca termina. Arrodillado en fe delante de su cruz, puedo decir: “Yo sé que tengo la vida eterna, comenzando ahora mismo”.

Oración:

Te doy gracias, Señor, porque pagaste la prima; te pido que me ayudes a disfrutar de la vida eterna desde ahora. Amén.