ÉL ES EL VERDADERO

Juan estaba en la cárcel, y al enterarse de lo que Cristo estaba haciendo, envió a sus discípulos a que le preguntaran: ―¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Mateo 11:2,3

“Coca-Cola, de verdad” decía un antiguo comercial de Coca-Cola, en el que ponía esa bebida por encima de las otras. Pensar en qué refresco puede calmar mi sed, difícilmente se puede considerar como un asunto vital; pero el saber ¿qué salvación puede satisfacer mi alma?, ¡sí lo es!

Juan el Bautista le preguntó a Jesús: “¿Eres tú el verdadero?” No se nos dice si Juan, en la prisión de Herodes, tenía dudas o si les estaba señalando a Jesús a sus discípulos. Lo más importante es cómo respondió Jesús. “Su Dios vendrá . . . vendrá a salvarlos”, había escrito Isaías. “Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos” (35:4,5). Isaías también había escrito acerca del Salvador que venía: “El Espíritu del Señor me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres” (61:1). ¿No era eso exactamente lo que Jesús estaba haciendo? Él tenía que ser el verdadero, el Salvador prometido que finalmente había venido.

La seria pregunta de Juan no es extraña en nuestro mundo del siglo 21. Hay muchos que ni se molestan en preguntar por Jesús, porque no les importa nada en absoluto. Hay otros, incluso algunos de dentro de la iglesia, que hacen la pregunta y después no aceptan la respuesta de Jesús sobre él mismo y su obra. Jesús dijo: “La Escritura no puede ser quebrantada”; ellos dicen “La Biblia es un libro falible que contiene errores humanos”. Él dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”; ellos dicen: “Jesús es solo un hombre ideal”. Él dijo: “Yo soy el Salvador, mi sangre cubre todos sus pecados”; ellos dicen: “Jesús es un excelente ejemplo que le enseña al hombre cómo vivir correctamente”. ¿Cuál es mi respuesta a la pregunta de Juan? Mi vida eterna depende de eso.

Oración:

Señor Dios, te pido que me concedas que mi respuesta sea: “Tú eres el Salvador prometido por el amor de Dios, mi único Salvador, para llevarme al cielo”. Amén.