LA REINA ESTER

Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como éste!

— Ester 4:14

En el invierno de 1947, tres pastores beduinos cuidaban su rebaño de ovejas y cabras cerca de un arroyo en la vecindad de Wadi Qumrán, al Noreste del Mar Muerto. Uno de ellos lanzó una piedra a través de una pequeña abertura en el acantilado. Al oír el sonido de una vasija de arcilla romperse, otro de los beduinos bajó a la cueva y encontró diez vasijas que contenían los manuscritos hoy conocidos como «Los Rollos del Mar Muerto». Al parecer, los dueños de esta biblioteca fueron los Jasidim (leales), una comunidad esenia radical. Entre 1947 y 1956 en esas cuevas se descubrieron poco más de ochocientos documentos religiosos judíos, algunos de los cuales datan de trescientos años antes de Cristo. La cuarta parte eran copias de los libros del Antiguo Testamento, excepto de Ester.

El libro de Ester no siempre gozó del aprecio general del pueblo judío y es evidente que tampoco de los dueños de la biblioteca de Qumrán. Una de las razones es que el nombre Jehová no aparece ni una vez en el hebreo original (aunque sí aparece en forma acróstica en Ester 1:20 y algunos manuscritos lo hacen notar usando letras rojas para señalarlo). Tampoco se menciona la oración, aunque sí el ayuno. A pesar de todo esto, no hay ninguna razón convincente para dudar de que el libro de Ester es la palabra inspirada de Dios.

El versículo que hoy meditamos nos reflexiona acerca de la providencia divina en nuestras vidas. Dios nos puede dar: posición, bienes, o talentos, que nos permitan servir a la causa del evangelio. No debemos dejar que pasen las oportunidades; tampoco debemos desperdiciar las oportunidades que se nos presenten de servir porque tengamos demasiado temor y no estemos dispuestos a arriesgar nuestra posición o hasta nuestra vida por causa de Cristo y de su evangelio. El reino de Dios vendrá ya sea con o sin nosotros. Si tenemos miedo y somos desleales, Dios dará las oportunidades a otros. Si descuidamos la tarea de las misiones en el mundo, el Señor les dará su palabra a otros pueblos que estén ansiosos de compartirla con los demás. Por nuestra falta de lealtad nos hacemos merecedores de toda la ira de Dios. Jesucristo fue leal pues no desperdició ninguna oportunidad para hacer la voluntad de Dios (Juan 4:34). Lo hizo en lugar de nosotros tal como pagó el castigo que merecemos por este pecado. En gratitud, vamos a querer ser leales al Señor y no desperdiciar las oportunidades que él nos presenta.

Oración:

Amado Padre, guárdame de dejar pasar oportunidades que me das para servirte. Concédeme el ser leal a tu voluntad. Amén.

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