LA DICHA ES LLORAR

Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Mateo 5:4

“Dichosos los que lloran”, dice Jesús a continuación, en el Sermón del Monte. Con llorar se refiere al pesar que agobia el corazón. ¿Qué es lo que agobia más profundamente mi corazón de creyente, y lo que más lo hace llorar? ¿Debo responder: “mi pecado”? Los creyentes que son verdaderamente cristianos se lamentan profundamente por sus pecados; no solo hacen mecánicamente el acto de confesarlos, sino que abren su corazón delante de su Dios. Cuando yo veo la verdadera naturaleza de mi pecado, siento profundamente la culpa, la condenación que merezco, y lloro en verdadera aflicción.

También me hace llorar el mal que el pecado le trae al mundo. Ante las tumbas de los seres amados, en medio de las tribulaciones de la vida, bajo la cruz que llevo como seguidor de Cristo, las lágrimas inundan mi corazón, y también mis ojos. Mi viaje por este valle de lágrimas no es un picnic; muchas veces tengo que ir a buscar la caja de pañuelos para secar las lágrimas.

Voy a llorar, pero no para siempre; Jesús me da esta esperanza segura: “Dichosos los que lloran, porque serán consolados”. El Salvador tiene lo que es necesario para secar mis lágrimas: ¿Lloro por mi pecado? Él dice que debo estar muy animado, porque mis pecados están perdonados. ¿Lloro porque la vida me está oprimiendo con todos sus problemas? Jesús dice: “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Romanos 8:28). ¿Pone la muerte su terror sobre mí? Jesús dice: “todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (Juan 11:26). De Jesús viene todo consuelo aquí en la tierra, y la perfección en el cielo a su lado. Es por eso que tengo felicidad.

Oración:

Señor, te pido que seques mis lágrimas con la seguridad que tú me das de que tu amor provee todo que necesito para el cuerpo y el alma. Amén.