“Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:25)

VICTORIA TOTAL

Estados Unidos se retiró de Vietnam del Sur después de muchos años de guerra. Fue la única vez en la historia moderna que Estados Unidos no pudo declararse victorioso. A pesar de que las fuerzas militares lucharon mucho y por largo tiempo, el enemigo demostró ser muy tenaz. Jesús, nuestro Rey, venció totalmente a todos nuestros enemigos. No usó ningún ejército. Luchó él solo contra el pecado, la muerte y el diablo y obtuvo una victoria completa.

Jesús fue puro y santo. A causa de que cargó con los pecados de todo el mundo sobre él, fue agredido y clavado a la cruz. Fue como si hubiera pecado y se hubiera acarreado la muerte a sí mismo. Pero fueron nuestros pecados, no los de él. Su santidad fue tan grande que la muerte no pudo retenerlo. El pecado lo atacó, pero no lo pudo vencer. Más bien, Jesús venció el pecado.

El gran aliado del pecado es la muerte. Igual como Jesús venció el pecado, así venció a la muerte. Sí, la muerte se apoderó de Jesús; parecía que lo había conquistado. Durante tres días estuvo frío y sin vida en el sepulcro. Pero la Pascua reveló que en realidad había vencido a la muerte. En Cristo, la muerte tenía que morir y perder todo su poder.

El diablo también trató de demostrar su poder sobre Cristo. Intentó todo para vencer a Jesús. Conforme a la promesa de Dios, Satanás hirió a Cristo en el talón, pero esa no fue ninguna victoria. Satanás se enfrentó a un poder más alto al cual no pudo dominar. Cristo descendió al infierno y regresó. El poder de Satanás fue derrotado por completo.

Jesús es nuestro Rey-Salvador. Después de ser abatido, ascendió a lo alto. Sus enemigos poderosos: el pecado, la muerte y el diablo, ahora están debajo de sus pies.

Celebre usted la victoria total de Jesús. Tome esta verdad muy en serio. Dependa de ella, y viva la vida victoriosa en Cristo. El pecado, la muerte y el diablo todavía pueden hacernos daño aquí, pero la gloriosa victoria final y suprema es nuestra por medio de Cristo.

Oración:

¡Rey de gloria! Reine siempre Su divina potestad; Nadie arranque de su mano Los que son su propiedad. Dicha tiene todo aquel Que confía siempre en Él. Amén. (CC 78:2)

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