(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 4)

LA PUREZA DE LABIOS

En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.

—Sofonías 3:9, Reina-Valera 1995

El profeta Sofonías vivió en la misma época que el profeta Jeremías y, como él, profetizó bajo el rey Josías. Por esa razón profetiza las mismas cosas que Jeremías: que Jerusalén y Judá serán destruidas y que sus habitantes serán deportados a causa de su malvada e impenitente vida. De eso tratan los dos primeros capítulos de Sofonías y la primera parte del tercero, solo ley y dura ley. Pero en el tercer capítulo, en los doce versículos finales, es fácil ver que el mensaje de juicio y condenación no es la última palabra de Dios para la humanidad. Sofonías trae las buenas noticias del evangelio para concluir su libro, pues profetiza gloriosa y claramente acerca del feliz y bendito reino de Cristo, el cual que será propagado en todo el mundo.

Aunque ahora se lo denomina un profeta menor, Sofonías habla más acerca de Cristo que muchos otros profetas importantes, casi incluso más que Jeremías. Lo hace para dar a la gente abundante consuelo, a fin de que no se desesperen de Dios, debido a su desastrosa cautividad en Babilonia, como si Él los hubiera rechazado para siempre; sino que vivan seguros de que, después de este castigo, nuevamente la gracia de Dios se manifestará y lo hará con la venida del Salvador prometido, Cristo, con su glorioso reino. En ese tiempo los labios serán limpiados. ¿Qué significa eso? Que Dios obrará de tal manera en los corazones incrédulos y pecadores que los labios de estos serán usados para confesar su nombre.

El Señor da pureza de labios cuando un pecador es confrontado con su pecado y con las consecuencias de su pecado y ante ello queda en tal desesperación que no encuentra salida al problema por su propio esfuerzo. Entonces al pecador le son anunciadas las buenas nuevas de Cristo, y este evangelio le otorga el don de la fe. La fe salvadora abre los labios para confesar confianza únicamente en los méritos de Cristo que él ganó con su obediencia perfecta a la voluntad de Dios y con su sacrificio vicario en sustitución de nosotros. Pureza de labios es confesar a Cristo como el único salvador, invocar el nombre de Dios como salvador.

Oración:

Señor, te pido que por el poder de tu evangelio fortalezcas en mí la fe salvadora de tal modo que, en gratitud, mi boca confiese tu nombre. Amén.

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