JUICIO DIVINO

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

– Génesis 6:5 (RVR1960)

Aunque Adán y Eva escucharon el evangelio en la promesa de salvación todavía tenían la naturaleza pecadora como resultado de su desobediencia. Por eso la Biblia dice que sus hijos nacieron a su imagen y semejanza (ya no a imagen de Dios). La descendencia de Adán nace con el pecado original como herencia (Génesis 5:3; Romanos 5:18-19).

Una de las funciones de la ley moral de Dios es la de frenar la maldad que hoy es innata en los seres humanos. Cuando Dios creó al ser humano, escribió la ley moral en su corazón. Por esta razón todo ser humano sabe que hay cosas que está mal hacerlas (Romanos 2:14). Sin embargo, la conciencia humana puede ser adormecida. Esto es lo que sucedió con los descendientes de Adán antes del diluvio universal. Ellos dejaron de escuchar las amonestaciones de la ley moral al punto que casi todo el mundo llegó a ser violento.

La Biblia enseña que «un poco de levadura leuda toda la masa» (Gálatas 5:9) y que los malos irán de mal en peor (2 Timoteo 3:13). Por esto es vital notar que el pecado merece toda la ira de Dios. Yo también adormezco mi conciencia y, así, rechazo la Palabra de Dios que me muestra mi pecado y me advierte de sus consecuencias. La ley ha dictaminado contra mí su sentencia y me dice que merezco toda la ira de Dios. «Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda» (Santiago 2:10). Pues cada vez que minimizo la gravedad de mi pecado peco contra la Palabra de Dios y me constituyo en enemigo de Dios y anticristo.

Jesucristo, apreció la Palabra de Dios perfectamente escuchándola, aprendiéndola, y obedeciéndola en lugar nuestro y, en la cruz, padeció toda la ira de Dios en lugar nuestro. En gratitud vamos a querer de buena gana, prestar atención, aprender y poner en práctica su voluntad expresada en los mandamientos de la ley moral.

Oración:

Pecador he nacido, Señor. Por ello me parece que mi pecado no es tan grave y que otros son más malos que yo. Líbrame de pensar así y dame un corazón contrito y humillado que, consciente de lo grande de mi maldad y de lo enorme de tu misericordia, en gratitud anhele no solo conocer tu voluntad sino también esté predispuesto a obedecerla. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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