“Porque un niño nos ha nacido… y su nombre será ‘Consejero admirable’, ‘Dios fuerte’, ‘Padre Eterno’ y ‘Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

¿QUÉ NIÑO ES ESTE? — ES EL DIOS TODOPODEROSO

En Navidad, el mundo se pone sentimental por el niño nacido en Belén. La gente le rinde un caluroso homenaje. No obstante, el honor que se da a Cristo con frecuencia no es lo que debería ser. A medida que nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús, hagámonos la pregunta: ¿Qué niño es este? Isaías nos da una respuesta muy bien definida. El niño no es un mero hombre; es también el Dios todopoderoso.

Isaías predijo que el Salvador sería verdadero hombre. De hecho, Jesús fue verdaderamente humano. Nació de la virgen María con un alma y un cuerpo como el de nosotros. Tuvo emociones y necesidades humanas. La humanidad de Jesús difiere de la nuestra en solo un aspecto: Él no tuvo pecado. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María.

Con el fin de salvarnos, Jesús tenía que ser verdadero hombre. Si no hubiera sido verdadero hombre, no hubiera podido someterse a la ley por nosotros ni sufrir por nuestros pecados. Sin embargo, para salvarnos, Cristo tenía que ser más que un hombre. Un mero hombre no hubiera podido redimir a toda la gente de todos los tiempos. Solo el Creador podía ser el sustituto para su creación. En sus profecías, Isaías explicó claramente que el Salvador que venía sería más que solo un hombre. Sería Dios mismo. Mediante los nombres con los que Isaías llamó a este niño, indicó que el niño era verdadero Dios.

Isaías lo llamó “Consejero admirable”. El hijo de María fue un milagro porque era Dios y hombre en una persona. Fue el Consejero en quien moraba toda la sabiduría del Altísimo. Para llevar a cabo su misión como Salvador, necesitó la sabiduría y el conocimiento que un mero hombre no posee. Fue el Dios fuerte que se había revelado en su poder salvador a los israelitas en toda la era del Antiguo Testamento. Fue el Padre eterno que había cuidado siempre a sus hijos de todos los tiempos.

A medida que nos preparamos para celebrar el nacimiento de Cristo, anunciemos de nuevo la persona del niño nacido en Belén. El niño que estaba en un pesebre era un ser humano. También era el Dios todopoderoso. ¡Qué maravilla! El todopoderoso Dios estaba en un pesebre para poder salvarnos del pecado, de la muerte y del infierno. ¡Alabe al Dios de nuestra salvación, porque se hizo uno de nosotros para poder redimirnos!

Oración:

  ¡Hosanna al buen Señor Jesús!

  Del mundo es Él divina luz.

  A Cristo, Salvador y rey,

  ¡Hosanna! cante fiel su grey.

  ¡Hosanna hoy! ¡Hosanna en las Alturas!  (CC 6:1)