UNÁMONOS A LOS QUE CANTAN VILLANCICOS

Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre. Isaías 12:4

Yo no soy un buen cantante, pero hay un momento en el que me desinhibo; es cuando vamos a cantar canciones de Navidad. Uno no se puede contener cuando se cantan los himnos de Navidad, Isaías tampoco se pudo contener.

“Alaben al Señor”, escribió. Aunque se oyera como el canto de una rana toro en un estanque, le canto a Aquel que me dio al Rey recién nacido. Y también uso mi vida para darle gracias al gran Dador de la Navidad. Cuando estaba predicando un misionero en India, uno de los asistentes salió pero regresó pronto. Después del servicio, el misionero le preguntó al hombre si había dicho algo que lo ofendiera. “Oh, no, respondió el hindú”; “solo fui a preguntarle a tu conductor si eres amable con él; y cuando me dijo que sí lo eres, regresé para seguir escuchando, porque ahora sé que tú vives conforme a lo que estabas hablando”. Si yo no vivo mi alegría, no sirve de mucho que cante sobre ella.

“Den a conocer entre los pueblos sus obras”, le dijo también Isaías. Una manera segura de aumentar la alegría de la Navidad es compartirla. No solo me uno a los que cantan villancicos en la época de Navidad, cantando con ellos: “Les deseamos una feliz Navidad”; aprovecho cada oportunidad, cada día, para ayudar a llevarles a otros las buenas noticias del Salvador enviado por el amor de Dios. Quiero que ellos tengan la misma feliz Navidad que yo tengo.

¿Una feliz Navidad? Sí, cuando me alegro en Jesús mi Salvador y lo comparto con otras personas.

Oración:

Señor, te pido que me ayudes a cantar en voz alta todo el año. Amén.