ORO, INCIENSO Y MIRRA

Entonces lo verás y resplandecerás.

Se maravillará y ensanchará tu corazón

porque se habrá vuelto a ti la abundancia del mar

y las riquezas de las naciones habrán llegado hasta ti.

Multitud de camellos te cubrirá

y dromedarios de Madián y de Efa.

Vendrán todos los de Sabá

trayendo oro e incienso,

y publicarán las alabanzas de Jehová.

—Isaías 60:5-6

A través de los siglos, la iglesia ha leído los primeros versículos de este capítulo como la lectura del Antiguo Testamento para la celebración de la Epifanía. Hoy celebramos la epifanía (manifestación) de nuestro Señor Jesucristo, primero a los gentiles que representados por los sabios de oriente llegaron a Jerusalén buscando al Rey de los judíos. Ellos vinieron a adorar a Emanuel, al niño de Belén, y a honrar al Señor Dios de Israel. Cuando lo encontraron, le hicieron regalos de: oro, incienso y mirra (Mateo 2:1–12). Epifanía también refiere la manifestación de Jesucristo a todo el pueblo de Israel el día que fue bautizado. Fue entonces que el Padre habló desde el cielo y dio que él era su Hijo amado en quien tenía complacencia.

El profeta Isaías describe a estos conversos, expresando su fe por medio de sus ofrendas a Sión. Estos creyentes traen todas estas espléndidas ofrendas en agradecimiento por la salvación que trajo la gracia de Dios. Los que vienen alaban al Señor y traen regalos para adornar su glorioso Templo (versículos 6, 7).

De la misma manera la iglesia del Nuevo Testamento ha recibido regalos de los fieles. Las ofrendas reunidas por el equipo misionero de Pablo no son más que un ejemplo (1 Corintios 16:1–4; 2 Corintios 8, 9). Durante siglos, gente de todo el mundo ha donado generosamente para agradecerle al Señor por la redención que él ha traído; muchos han venido a conocer al Dios de Israel. Debido a la gran bendición que Jehová ha dado mediante su Siervo Jesús, estas naciones rebozan generosidad, así expresan la dicha de estar, por medio de Cristo, libres del pecado, de la muerte y de la condenación eterna.

Oración:

Señor, los sabios de oriente tenían tal gratitud por la salvación que se esforzaron para llevarte sus ofrendas a pesar de la mucha distancia. Permite que en mí aflore tal gratitud que con gozo también participe de esta manera de adorarte.  Amén

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