“Paguen a todos lo que deban pagar, ya sea que deban pagar tributo, impuesto, respeto u honra” (Romanos 13:7).

EL PUEBLO DE DIOS HONRA A SUS GOBERNANTES 

“La autoridad tiene derecho al respeto que se gana, y ni una pizca más”. Así escribió el historiador Arthur Schlesinger, y hay algo de verdad en esa observación. Los líderes políticos, por ejemplo, deben sentirse responsables ante su pueblo. Deben demostrar ser dignos de la confianza del pueblo y no usar sus posiciones privilegiadas para aprovecharse del pueblo.

Sin embargo, los cristianos todavía respetaremos a todos nuestros gobernantes sin importar lo competente que pensemos que sean. Pablo recordó a los romanos en esta carta que además de los impuestos, también deben al gobierno el respeto y el honor, recordando quién estableció su autoridad en primer lugar. Podemos no estar de acuerdo con las políticas, criticar las decisiones y discutir los programas todo lo que queramos, pero nosotros, como cristianos, nunca nos burlaremos o buscaremos socavar la autoridad de los que nos gobiernan.

En Estados Unidos, por cierto, hay mucho menos de qué quejarse que en algunas partes del mundo. El Señor no solo favoreció al país con libertad genuina, tal como la libertar de reunión, de expresión y de prensa, sino que también ha dado bendiciones materiales sin paralelo. Tal parece que los estadounidenses tienen comida de sobra y dos carros en el garaje. Se debe reconocer con alegría que esa prosperidad se puede remontar en gran medida a la buena gobernación, la cual a su vez es una bendición de Dios mismo.

La única excepción que Dios permite al honor que debemos al gobierno es cuando exige que sus ciudadanos se opongan a la palabra de Dios o la nieguen. Por ejemplo, cuando los dignatarios judíos en Jerusalén prohibieron a los apóstoles predicar las buenas nuevas, Pedro contestó con firmeza: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Aquí el gobierno había perdido el honor y la obediencia que normalmente se le debe.

Afortunadamente, la libertad de adoración que la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos garantiza significa que jamás sea necesario que los estadounidenses enfrenten ese dilema. La preocupación, más bien, es cómo podemos nosotros apoyar mejor a los líderes de nuestro país. Pablo escribió a Timoteo: “Ante todo, exhorto a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que ocupan altos puestos” (1 Timoteo 2:1,2). Por lo tanto, por gratitud y por la gran bondad de Dios, oremos todos regularmente por la sabiduría y salud de aquellos que están en autoridad sobre nosotros.

Oración:

Dios, sin igual sostén, Colma de todo bien Nuestra nación. Amén. (CC 328:6)

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