LA VOLUNTAD DE DIOS Y LA JUSTIFICACIÓN

Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

– Hebreos 2:8

¿Es la voluntad de Dios que todos sean justificados? ¿Murió Jesús por todos o solo por algunos? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia.

La salvación no depende únicamente de la muerte vicaria de Cristo en la cruz. Dos exigencias deben ser satisfechas para que la salvación sea completa: 1) Los pecados deben ser castigados y 2) la voluntad de Dios debe ser obedecida perfectamente. Para cualquier ser humano es imposible cumplir con ambas exigencias. Cada pecado que comete un ser humano es una rebelión contra Dios. Con cada pecado cometido actuamos como si fuéramos otro dios haciendo nuestra voluntad en desafío contra la voluntad del Dios verdadero. El Dios verdadero no admite rivales y por eso el castigo es la muerte eterna. La ofensa a Dios es de tal magnitud que solo puede ser pagada por Dios mismo (Salmos 49:7-8). Puesto que nacemos pecadores tampoco podemos cumplir la segunda exigencia pues no somos perfectos (Mateo 5:48). Gracias a Dios, Cristo vino para morir por los pecados de todos y también obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de todos (Hebreos 2:8; Romanos 5:19; 1 Juan 2:2). Es en base a esta doble sustitución que Dios nos declara justos pues nuestros pecados son cargados a Cristo y su justicia nos es acreditada a nosotros. Dios justifica al pecador; es un decreto judicial que no cambia la actual naturaleza moral del acusado. Por otro lado, debemos señalar que la justificación tampoco produce un cambio en Dios. Dios no cambia. Aún odia y castiga el pecado, así como todavía desea nuestra justicia personal. Dios todavía quiere que seamos santos y justos y solo nos trata como si ya fuéramos justos porque Jesucristo fue justo en lugar de nosotros. Aunque la justificación fue ganada para todos sin excepción (a esto llamamos justificación objetiva) solo se benefician los que tienen la fe salvadora que es regalada por medio del evangelio (a esto llamamos justificación subjetiva).

Por lo tanto, si la justificación no produce ningún cambio en nosotros ni en Dios, entonces, ¿qué cambia cuando somos justificados? La justificación cambia nuestro estado legal ante la corte de justicia de Dios. En otras palabras, cambia nuestra relación con él. Cuando Dios nos declara no culpables, él nos libera y promete no castigarnos. Cuando él dice que no se acordará de nuestros pecados (Jeremías 31:34), él está prometiendo que no volverá más tarde para poner cargos de lo que ha sido perdonado.

Oración:

Señor, te doy gracias porque, aunque nací pecador y continuamente peco contra ti, tú extiendes tu favor hacía mí, gracias a los méritos de tu Hijo amado. Amén.