UNA VANA ILUSIÓN

Nunca me negué ningún deseo; jamás me negué ninguna diversión. Gocé de corazón con todos mis trabajos, y ese gozo fue mi recompensa.

Me puse luego a considerar mis propias obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y me di cuenta de que todo era vana ilusión, un querer atrapar el viento, y de que no hay nada de provecho en este mundo.

—Eclesiastés 2:10-11, DHH

Salomón, el escritor de Eclesiastés, pudo darse un sinfín de lujos que la mayoría de nosotros no podemos. Al inicio de su reinado sobre el reino de Israel hizo uso de su sabiduría. Más tarde probó toda clase de diversión. También acumuló mucha riqueza. Sin embargo, en lugar de dar gloria a Dios por las muchas bendiciones que disfrutó, Salomón se atribuye a sí mismo la capacidad de alcanzarlas: «mis trabajos, […] mis propias obras […] me había costado realizarlas» Esas expresiones de Salomón muestran que él había caído de la fe.

La experiencia de Salomón sirve de reflexión para el mundo en que vivimos. Muchos creen que nuestra realidad es similar a Sodoma o al tiempo del Imperio Romano; la verdad es que aún no hemos llegado a eso. Nuestra sociedad todavía no está dada a borracheras y lascivia desenfrenadas. Nuestra debilidad es el placer «con sabiduría» y control. Comidas y bebidas finas, comer afuera con la familia, el teatro y el cine, el mundo de los deportes y la recreación, los éxitos en los negocios, las ganancias financieras, todo eso se busca sin complacencia exagerada. Pero la gloria y gratitud hacia Dios quedan fuera. Así le sucedió a Salomón, que no importando cuánto disfrutó de lo que tuvo al final concluyó que su vida fue simple vanidad, carente de sentido. ¿Por qué le pasó eso? La respuesta es simple y la diremos con las palabras del comentarista luterano Paul Kretzmann: «Salomón hizo lo que tantas personas han tratado de hacer desde su tiempo: en lugar de aceptar las declaraciones de la Palabra de Dios respecto a lo que es bueno y de beneficio para ellos, determinan probar por sí mismos lo que es bueno y por eso están obligados a aprender por medio de muchas experiencias amargas y dolorosas. Salomón, teniendo los medios, aprovechó toda oportunidad para experimentar». Paul E. Kretzmann, Popular Commentary of the Bible, Vol. 2 p. 263. St. Louis: Concordia Publishing House, 1924),

Oración:

Señor, por mi soberbia, me parece que soy más sabio que tu santa palabra y tengo la tendencia a seguir mi lógica antes que tus principios y valores. Por esto soy merecedor de toda tu ira. Pero tu evangelio me muestra cuán misericordioso eres. Te suplico que mi corazón sea un corazón contrito y humillado que, consciente de lo grande de mi maldad y de lo enorme de tu misericordia, en gratitud anhele no solo conocer tu voluntad sino también esté predispuesto a obedecerla. Amén.

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