LA ENTEREZA DE JOB

Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rasuró la cabeza; luego, postrado en tierra, adoró y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!».

En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

— Job 1:20 (RVR1995)

El texto de hoy nos habla de la integridad de Job, un cristiano del Antiguo Testamento de tiempos anteriores al pueblo de Israel. La realidad de nuestra fe es evidenciada claramente cuando viene la prueba. Eso le sucedió a Job; su fe fue probada. En un solo día le vinieron muchas y terribles calamidades pues perdió toda su riqueza material y todos sus hijos murieron. Ante eso Job no renegó de Dios. Por el contrario, se comportó como quien era: un «varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:8). Fue Dios mismo quien describió a Job con esas palabras.

¿Cómo pudo haber dicho Dios que Job era recto, cuando la Biblia enseña que no hay ni un justo? Dios pudo decir eso porque Job era justo por la fe, la justicia de Cristo cubría su pecado (Job 19:25-27). Sin embargo, cuando el versículo ocho dice que Job era perfecto, no se refiere a que no tenía pecado sino a que Job era íntegro. Que Job era consciente de la naturaleza pecaminosa del ser humano se evidencia en que el primer acto de Job que se registra en la Biblia es la ofrenda de sacrificio por el pecado (Job 1:5).

En medio de su profundo dolor, Job pronunció unas de las más profundas palabras que jamás haya dicho un ser humano, palabras que se han usado como texto para el funeral por la muerte de alguna persona que repentinamente ha sido arrebatada de esta vida. Con ellas Job expresa que acepta la voluntad de Dios con gratitud al Señor en vez de resentimiento. La gratitud a Dios solo nace del evangelio. Job conocía y apreciaba la ley moral de Dios escrita en su corazón (Romanos 2:14-15; Job 31:6). Pero su motivación para obedecerla era la gratitud de saber que no es salvo por sus obras sino por los méritos de Cristo. Job confesó tal confianza, y por el amor de Dios nosotros también.

Oración:

Pecador he nacido, Señor, pero por mi soberbia, me parece que otros son más pecadores que yo. Tu ley me recuerda cuan pecador soy. Pero tu evangelio me muestra cuán misericordioso eres. Te suplico que mi corazón sea un corazón contrito y humillado que, consciente de lo grande de mi maldad y de lo enorme de tu misericordia, en gratitud anhele no solo conocer tu voluntad sino también esté predispuesto a obedecerla. Amén.

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