TODO ISRAEL SE HA APARTADO DE TU LEY

Todo Israel se ha apartado de tu ley y se ha negado a obedecerte. Por eso, porque pecamos contra ti, nos han sobrevenido las maldiciones que nos anunciaste, las cuales están escritas en la ley de tu siervo Moisés.

—Daniel 9:11

¿Escuchó alguna vez decir: ¡Qué mal hice para merecer esto!? Aunque estamos conscientes de que «errar es humano», usualmente pensamos que nuestros errores no son tan malos como para que nos sobrevengan cosas malas. También los israelitas pensaban igual. Imaginaban que podían adorar ídolos paganos sin problema, siempre y cuando también adoren a Jehová. Pero Dios demanda fidelidad y adoración exclusiva. Así lo hizo saber a su pueblo cuando encargó a Moisés escribir la Ley (Levítico 26:14–39 y Deuteronomio 28:15–68).

El Pacto de la Ley que Dios estableció con Israel era un pacto condicional. Sus promesas eran condicionales. Terribles calamidades sucederían al pueblo si menospreciaban los estatutos. Pero si después de rebelarse contra el Señor ellos reconocían su pecado y lo confesaban, Dios prometía restaurar la relación. Por eso Daniel reconoce rápidamente que lo que le sucedió a Jerusalén no fue un simple accidente histórico, ni una catástrofe inesperada de la política internacional. Daniel sabía que eso era la mano dura de Dios. A pesar de que el juicio de Dios sobre Jerusalén había significado horribles sufrimientos y angustias para miles de personas, aun así Daniel declaró que Dios tenía razón en lo que había hecho. La calamidad del exilio tenía que venir, precisamente porque Dios es justo. Dios, el juez de toda la tierra, no hizo la vista gorda al hecho de que el pueblo, al que llamó para que lo glorificara, estaba procurando vivir sin él. Daniel confesó sinceramente: «Todo Israel se ha apartado de tu ley y se ha negado a obedecerte». El rey David escribió: «al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.» (Salmo 51:17, RV95) Sí, Dios oyó la oración de Daniel y le respondió revelándole el perdón que vendría por los méritos del Mesías.

Dios cumplió su Palabra y a su debido tiempo llegó el Mesías prometido para restaurar a Israel introduciendo el Nuevo Pacto que incluye mejores promesas, promesas incondicionales (Hebreos 8:6). Jesucristo celebró el Nuevo Pacto con sus doce apóstoles. El Nuevo Pacto suministra perdón no solo para el pueblo de Israel sino para todo el mundo. Tal perdón viene por causa de la obediencia perfecta de Jesucristo a la ley moral de Dios en lugar de cada pecador y porque el Mesías sufrió toda la ira de Dios en la cruz como sustituto de cada hijo de Adán. En gratitud vamos a querer apreciar la obra de Cristo y, así, vivir a su servicio.

Oración:

Señor, te doy gracias que por tu misericordia nos diste un salvador que es Cristo y que por sus méritos podemos ser salvos del castigo que merecemos.  Amén.  

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