“Y si ustedes son de Cristo, ciertamente son linaje de Abrahán” (Gálatas 3:29)

UNIDOS EN EL LINAJE DE ABRAHÁN 

“¡Se parece a su papá!”. Los nuevos padres rápidamente se acostumbran a escuchar comentarios como este. Es natural que un hijo se parezca a los padres que le dieron la vida. A medida que los padres crían a sus hijos, aumentan las semejanzas. Si al papá le gusta el fútbol, se apostaría que también a Junior le gustará. Cuando crecemos, nos damos cuenta de cuánto nos parecemos a nuestros padres que nos dieron la vida y nos criaron.

En la palabra de Dios de hoy, Pablo nos dice que todo el que pertenece a Cristo comparte al mismo padre espiritual. Todos somos linaje de Abrahán. ¡En muchas maneras Dios quiere que seamos como nuestro padre Abrahán, especialmente en lo concerniente a la fe!

¿De qué manera somos como Abrahán, nuestro padre espiritual? Antes que nada, recuerde que Abrahán no buscó ni escogió a Dios. Más bien, Dios buscó y escogió a Abrahán para que fuera su hijo y el antepasado de nuestro Salvador. El Señor eligió cuidadosamente a Abrahán para que lo bendijera, a pesar de que Abrahán no era mejor que los otros pastores de su tiempo.

¡Somos como nuestro padre! No buscamos ni escogimos a Dios. Igual que con Abrahán, Dios no vio nada en nosotros que lo llevara a elegirnos para ser sus hijos. Nos escogió a causa de su asombrosa gracia —el amor que eligió derramar sobre nosotros— aunque no lo merecemos. Nuestra fe y vida eterna proceden completamente de nuestro Señor sin ningún esfuerzo ni mérito de nuestra parte.

Cuando Dios llamó a Abrahán, simplemente le dijo que fuera. No le dijo a Abrahán qué tan lejos fuera o adónde iba a ir. Abrahán tenía que creer a su Señor y creer en su palabra. A esa creencia que Dios da, la llamamos fe. A pesar de que Abrahán no podía ver a dónde lo llevaba Dios, confió en que su Padre celestial siempre cumpliría su palabra y haría lo que fuera mejor para él.

Dios nos llama a tener fe, igual como la de nuestro padre, igual como la de Abrahán. Puede ser que no siempre veamos cómo Dios está obrando por medio de los acontecimientos en nuestra vida. Tal vez no comprendamos cómo los desafíos y los problemas obrarán para nuestro bien. ¡Pero tenemos la palabra de Dios de que hará que todas las cosas sean para nuestro bien! ¡Que Dios nos conceda una fe como la de nuestro padre, una fe que se maraville de la gracia de Dios y confíe en que Dios cumplirá cada promesa!

Oración:

Dame, Señor, la fe que pueda hallar Señales de tu amor doquiera esté Las pruebas y el dolor podrán llegar. Mas en mi fe, Señor, descansaré. Amén. (CC 174:1)

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