APENAS PUEDO ESPERAR

Pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. 1 Juan 3:2

Mientras navegaba por alta mar, en servicio a su patria, no había visto a su hijo de cuatro meses de edad. Le llegaron unas fotografías por correo, pero lo que ese marinero quería era ver a su ser amado cara a cara. Como hijos de Dios, conocemos ese sentimiento. Conocemos a Jesús en la Escritura, pero también anhelamos verlo en persona.

Ese día viene, ya sea el día de mi muerte o en el fin del mundo. Y va a ser un gran día, tan lleno de bendiciones que es difícil describir. Todo lo que podemos hacer es repetir lo que ha escrito Juan. “Seremos semejantes a él,” nos dice. En el cielo, voy a ser santo como mi Salvador. Será eliminado todo mi pecado, toda tentación a pecar, toda consecuencia del pecado. Solo puedo imaginar débilmente lo que eso significa, mientras voy pasando por este mundo de pecado. Pero sé que va a venir. También sé que esa santidad es posible, solo por causa del amor salvador de Dios por mí en Cristo. ¡Y apenas puedo esperar!

“Lo veremos tal como es,” escribe también Juan. Con los ojos de la fe, veo ahora a mi Salvador en las páginas de su Santa Palabra. Con los ojos de mi corazón, he imaginado cómo es él. Pero en el cielo lo sabré. En el cielo, lo voy a ver cara a cara. Será una visión maravillosa, esa primera visión llena de su impecable pureza, de su inmenso poder, y en especial de su gracia salvadora. Y yo tendré esa visión por causa del gran amor que el Padre me prodigó cuando me hizo hijo suyo.

Oración:

Señor, te doy gracias porque me hiciste hijo tuyo por medio de Jesús. Sostenme como hijo tuyo por siempre. Amén..