INSTRUMENTOS DE LA PAZ DEL SEÑOR

Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: «Conoce el Señor a los que son suyos» y «Apártese de maldad todo aquel que invoca el nombre de Cristo».[…] Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra.

Huye también de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas, porque el siervo del Señor no debe ser amigo de contiendas, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido.

– 2 Timoteo 2:19-24, RV1995

«Deseo paz mundial» fue una de las respuestas más comunes de las postulantes al «Miss Universo» y es seguro que muchas otras personas desean lo mismo. Desde 1500 a. de C. (tiempo del éxodo de Israel) hasta 1860 se firmaron más de ocho mil tratados de paz. Esto significa que en los seis mil años de historia humana el hombre ha librado más de quince mil guerras y en todo este tiempo solo hubo no más de diez años de paz efectiva. No es fácil tener paz mundial. ¿Cómo contribuimos los cristianos para que haya paz?

Los cristianos, queremos la paz para todos. Primero, porque sabemos que es la voluntad de Dios, pues así nos lo dice Pablo: «Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad. […] Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador» (1 Timoteo 2:1-4).

Segundo, el cristianismo es una forma de vida. Es la vida de los hijos de Dios, gente pacífica. No solamente oramos pidiendo paz, sino que obramos por la paz. Practicamos hábitos pacíficos en gratitud por la redención obrada, a favor de nosotros pobres pecadores, por Jesucristo, el Príncipe de Paz (Isaías 9:6). En consecuencia si es posible, y en cuanto depende de nosotros, vivimos en paz con todos (Romanos 12:17-18). Aunque practicamos esta cultura de paz, nuestro principal interés es la paz con Dios (Romanos 5:1) que Cristo, con sus méritos, consiguió para nosotros. En gratitud a Jesucristo queremos ser instrumentos de la paz de Dios.

Oración:

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, lleve tu amor. Donde haya ofensa, lleve tu perdón. Donde haya discordia, lleve tu paz. Donde haya duda, lleve la fe. Donde haya error, lleve la verdad. Donde haya desesperación, lleve tu consuelo. Donde haya tinieblas, lleve tu luz.

Oh, maestro, concédeme que yo no busque tanto ser consolado, como consolar; Ser comprendido, como comprender; Ser amado, como amar. Porque, sólo por tus méritos es que: Dando, recibimos; perdonando, somos perdonados; y muriendo, somos resucitados a la vida eterna. Amén.

– (Adaptada de «Oración sencilla», Revista «La Clochette» 1912. Autor anónimo)