EL MOMENTO OPORTUNO

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo

—Eclesiastés 3:1

Según la Biblia, Moisés, cuando tenía 40 años de edad, sabía que Dios libertaría a Israel usándolo a él y por eso se apresuró a actuar como tal. Por no conocer el tiempo oportuno en el que Dios obraría tal liberación, Moisés tuvo que huir y vivir en Madián hasta que 40 años más tarde llegó el momento oportuno designado por Dios. Moisés tenía 80 años cuando Dios lo envió a Egipto para liberar a Israel.

El problema que tenemos con el tiempo oportuno es que parece que no podemos saber cuándo es el momento oportuno para intentar y cuándo lo es para desistir. La Palabra de Dios ofrece buena guía para conocer el momento oportuno en la vida de los creyentes: 1) Lo primero que la Biblia nos dice es que Dios está en control del tiempo oportuno, como está escrito: «Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8:28). Esto significa que tanto las adversidades como las alegrías que nos tocan vivir nos vienen en ese preciso momento oportuno. 2) Segundo, todo lo que nos toca vivir tiene perspectiva eterna. Como está escrito: «En su momento, Dios todo lo hizo hermoso, y puso en el corazón de los mortales la noción de la eternidad, aunque éstos no llegan a comprender en su totalidad lo hecho por Dios.» (Eclesiastés 3:11, RVC) Por esto es de vital importancia comprender que el tiempo que nos corresponde vivir en esta tierra es un «tiempo de gracia» que Dios nos concede para beneficiarnos de los méritos de Jesucristo que él hizo con miras a nuestra redención. Él, como sustituto nuestro, cumplió perfectamente toda la voluntad de Dios y murió en lugar nuestro, pagando por nuestros pecados. En gratitud vamos a querer permanecer en el pensamiento de que éste, no es un tiempo para acumular riquezas aquí en la tierra, pues «Los cielos y la tierra actuales están reservados por Su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. […] Los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.» (2 Pedro 3:7,10, NBLH). Querremos tomar en cuenta que éste es el tiempo oportuno para beneficiarnos de la Salvación obtenida a un altísimo precio por Jesucristo y que nos es otorgada gratuitamente a través del evangelio en palabra y en sacramento. Es el tiempo de acumular tesoros eternos (Mateo 6:19-21; Hebreos 11:24-26; Filipenses 3:7-11; Efesios 1:17-18)

 

Oración:

Señor, gracias porque mi vida está en tus manos y nada me sucede sin tu autorización. Por el contrario, tú haces que todo sea para mi bien en la tierra y para mi bienaventuranza eterna en el cielo. En gratitud quiero servirte obrando por amor para el bien de mi prójimo y de tu iglesia. Amén.  

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