LA DICHA ES TENER HAMBRE Y SED DE JUSTICIA

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Mateo 5:6

¿Cuándo fue la última vez que alguno de nosotros sintió los verdaderos retortijones del hambre en el estómago, o la sensación de sed abrasadora? Los pacientes recién salidos de una cirugía y las personas que se han quedado abandonadas durante días en una tormenta de nieve pueden decir lo que son en realidad el hambre y la sed.

Y lo puede decir el creyente. Jesús dice: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”. Como hijo de Dios, he de estar constantemente hambriento, siempre sediento de la santidad que Dios ha preparado en el Salvador, para los pecadores. Los ojos de mi fe no pueden estar nunca suficientemente fijos en el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, incluidos los míos. Mis oídos nunca podrán escuchar con la suficiente frecuencia que, en Jesús, aunque mis pecados sean rojos como escarlata, serán emblanquecidos como la nieve. Mis labios jamás podrán cantar con suficiente frecuencia: “En ti se halla plena gracia para cubrir todos mis pecados”. Alguien dijo una vez que un niño pequeño es un apetito envuelto en piel. Esa es una buena descripción de los hijos de Dios: su deseo siempre presente de la Palabra de Dios con su alimento que satisface con la justicia de Cristo permanecerá hasta que en el cielo no vuelvan a tener hambre ni sed.

Como hijo de Dios, lleno de su perdón, también tengo hambre de una vida de justicia. Dios me ha hecho hijo suyo, y ahora me pide que viva como hijo suyo. Con el poder de Cristo, voy a andar en novedad de vida, proclamando las alabanzas de Aquel que me ha hecho justo. Cuando el mundo me vea, va a ver a un cliente satisfecho, que tiene la verdadera felicidad por causa de la gracia de Dios.

Oración:

Señor, te pido que me hagas estar siempre hambriento y sediento de tu Palabra, con su mensaje de salvación. Amén.