JUSTIFICACIÓN POR MEDIO DE LA FE SOLA

Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia.

– Génesis 15:6 (RVR1995)

¿Cumples lo que prometes? Dios sí. Para cumplir la promesa que hizo a Adán y Eva, el Señor eligió a Abram, un pagano al que le prometió una tierra en heredad. Dios enseñó a Abram a creer en la promesa de la tierra. Más tarde le enseñó a creer en la promesa acerca de que sería el padre de una multitud de descendientes. Con el tiempo Abram y su esposa envejecieron tanto que la promesa de Dios parecía imposible de cumplir. Para fortalecer la fe de Abram en la promesa de que sería el antepasado de muchos descendientes, Dios lo hizo ver el cielo lleno de estrellas y le desafió a contarlas. Le dijo que así de innumerable sería su descendencia.

«Abram creyó a Jehová». En el idioma hebreo el verbo creer es la raíz de la palabra «amén». Abram dijo «amén» a la promesa de Dios. San Pablo describe la actitud del patriarca de la siguiente manera: «Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: «¡Así de numerosa será tu descendencia!» Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia» (Romanos 4:19–21).

En la Biblia, justicia significa “ser recto con Dios”. La Biblia enseña que Abram obtuvo este derecho ante Dios, no por lo que había hecho, sino por lo que su gran descendiente iba a hacer. Creer en Dios, entonces, es más que confiar en su poder. Creer en Dios es confiar en su promesa, tomar en serio lo que dice, arrojarse en su misericordia. Dios considera esta confianza como el cumplimiento de su exigencia de perfección.

El apóstol Pablo cita Génesis 15:6 en las dos epístolas del Nuevo Testamento que tratan más detalladamente la enseñanza de la justificación del pecador (Romanos 4:3; Gálatas 3:6). Dios salva a los pecadores, no transformándolos en santos, sino declarándolos santos. Dios cuenta su fe por justicia; los pecadores son salvos por la fe. La fe de Abram se apoyó en la promesa de la Palabra de Dios, y en eso debe apoyarse la nuestra. Ese es el único fundamento de la fe.

Oración:

Señor, mis sentimientos no son una base confiable para mi fe, ya que los sentimientos pueden engañar. Hay momentos en mi vida en los que siento que no soy perdonado. No obstante, tú no mientes; tu promesa de Dios no puede engañar. Unifica mi corazón y concédeme confiar solo en tu Palabra. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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