EL SALVADOR HA VENIDO

Vendrá el mensajero del pacto, en quien ustedes se complacen. Malaquías 3:1

En algún lugar vi una pintura de la natividad: había ángeles reunidos alrededor del pesebre del Cristo Niño, con sus cánticos de alabanza; pero, en una de las esquinas, un ángel que sostenía una cruz pequeña en sus manos, estaba secando lágrimas de sus ojos. Eso nos recuerda que Dios mismo vino al pesebre para ir a la cruz.

Eso es lo que nos dice Malaquías. Cuando él dice que Jesús es el “mensajero del pacto”, se refiere al precioso acuerdo unilateral que hizo Dios con los pecadores desde el jardín del Edén. Allí, Dios les prometió a nuestros caídos padres que les iba a enviar a su Hijo como la simiente de la mujer para aplastarle la cabeza a Satanás. A través de los siglos, el pueblo de Dios había levantado a los cielos los ojos expectantes esperando al Salvador que había de venir; ahora, cuatrocientos años antes de Belén, Malaquías dice con evidente alegría: “Vendrá el mensajero del pacto [el prometido Salvador]”.

En esta bendita estación, repito las palabras del profeta, pero les cambio el tiempo verbal; hoy puedo decir; “El Salvador ha venido”. Por la gracia de Dios, también puedo agregar, mientras me arrodillo delante de su pesebre: “El Salvador vino por mí”. Por mí, dejó su trono en el cielo; por mí, tomó carne humana. Vivió y murió para salvarme. Si esas maravillosas noticias no me llenan de alegría, entonces tengo que arrancar del calendario las páginas de diciembre, o al menos cancelar la última semana del mes. Jesús, mi Salvador, ha venido. Es por eso que celebro la Navidad.

Oración:

Señor, te pido que me ayudes a cantar con alegría: “Al mundo gozo proclamad, el Señor, mi Salvador, ha venido”. Amen.