UN SORPRENDENTE SALUDO

El ángel se acercó a ella y le dijo:

—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.

Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.

— Lucas 1:28-29

El rey Salomón escribió: «Vale más el día en que se muere que el día en que se nace.» (Eclesiastés 7:1). Tales palabras aparentemente pesimistas cobran sentido al entender el contexto del libro entero. Para el pueblo de Dios el día de la muerte del cristiano es el primer día en el cielo. Por esto, desde la antigüedad, los creyentes recuerdan a los cristianos notables el día en que murieron.

Sin embargo la Biblia habla de un nacimiento que sería de motivo de gran alegría, cuando un ángel le dijo al viejo sacerdote Zacarías: «Tu esposa Elisabet te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento, porque él será un gran hombre delante del Señor.» (Lucas 1:13-15). Sí, el nacimiento de Juan el Bautista fue motivo de gran alegría pues él hizo que muchos israelitas vuelvan al Señor y preparó el camino para la venida de Cristo. Tan significativo fue el nacimiento de Juan que hasta hoy, en todo el mundo, se recuerda cada 25 de junio el día de su nacimiento.

Sí el nacimiento de Juan el Bautista fue motivo de gran gozo ¿Acaso lo sería menos el de Jesucristo, nuestro salvador? ¡Por supuesto que no! Cuando Jesús nació, el acontecimiento fue celebrado en el cielo (Lucas 2.12-14; Hebreos 1:6). El nacimiento de Cristo fue profetizado y por eso muchos que lo esperaban se alegraron al enterarse de ello. Incluso los sabios del Oriente emprendieron un largo viaje para honrar y adorar al recién nacido Cristo, el niño Dios.

Por esto Dios, el Padre, envío un ángel a dar el anuncio a la virgen María. Gabriel, saludó a la virgen de manera formal pues ella sería quien llevaría en su vientre al Mesías y lo daría a luz. Ella sería la madre del Hijo de Dios. Ella era bienaventurada pues llevaría en su vientre a Dios encarnado. Todo eso significaba que Dios había enviado la salvación a la tierra. Por eso el ángel instruyó que se le llame Jesús, que significa «Jehová Salva». Cristo es la salvación pues obedeció la voluntad de Dios perfectamente, en lugar de nosotros, y murió pagando nuestros pecados. En gratitud vamos a querer regocijarnos como lo hicieron los ángeles.

Oración:

Señor, celebro tu nacimiento teniendo presente que te encarnaste en el vientre de la virgen María para nacer como un niño y así vivir una vida entera de obediencia perfecta a la voluntad divina en lugar de mí; y para morir pagando mis pecados. Hiciste todo eso para salvarme. Amén

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