EL METEORÓLOGO DIVINO

[El Señor] extiende la nieve cual blanco manto. Salmo 147:16

El meteorólogo de la TV acaba de terminar su presentación en la escuela primaria. Cuando dio la oportunidad de hacer preguntas, se levantó una mano y le hicieron esta pregunta: “¿Usted hace que caiga la nieve?”

“No,” dijo él riéndose, “Yo solo les hablo sobre la nieve.”

El salmista sabía quién hace la nieve; y nosotros también. Cuando el camino que lleva de la casa al trabajo está cubierto de nieve y está resbaladizo, y la calzada está ocupada por la quitanieves, y la acera casi sepultada bajo la nieve que cae, ¿quién de nosotros se detiene para pensar en el que la envió? Lo más probable es que, si somos estudiantes o quizás maestros, estemos felices porque se han cancelado las clases en la escuela. O, si tenemos que trabajar con el soplador de nieve o con la pala, no estamos tan contentos.

La próxima vez que caiga nieve, deténgase por un momento y piense en la mano que hay detrás de ella. Es la mano de nuestro Dios todopoderoso; sólo él llena las nubes de humedad, forma los cristales de los copos de nieve y los envía revoloteando a la tierra. Es nuestro Dios omnisciente el que riega los campos, el que llena los embalses y provee para sus criaturas. Su mano divina envía no solo la nieve, sino todo lo que es bueno para sus hijos.

De este divino meteorólogo esperamos siempre que el clima sea “bueno”.

Oración:

Misericordioso Señor, te pedimos que nos ayudes a ver tu mano obrando en el cambio de las estaciones de nuestra vida. Amén.