VIVIR EN ARREPENTIMIENTO

Después de que encarcelaron a Juan, Jesús se fue a Galilea a anunciar las buenas nuevas de Dios. «Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!».

– Marcos 1:14-15

Martín Lutero en la primera de las 95 tesis que propuso para debatir el 31 de octubre de 1517 escribió: «Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “Arrepiéntanse” ha querido que toda la vida de los creyentes sea una de arrepentimiento.», y tenía razón. El arrepentimiento no es un acto que sucede una vez en la vida de los creyentes. El arrepentimiento del que habla Jesús es continuo, de cada día. Implica un cambio radical del corazón y de la mente. Este llamado al arrepentimiento es una invitación y un «mandato evangélico».

Ninguno de nosotros puede responder afirmativamente a esa invitación a menos que el Espíritu Santo obre en nosotros tal respuesta por medio del poder del evangelio (Romanos 1:16; 10:14-17). Jesús mismo afirmó: «No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes» (Juan 15:16). El hombre natural no busca a Dios (Romanos 3:12). Por el contrario huye de él.

Así como no tenemos la capacidad de buscar a Dios y responder a su invitación, tampoco tenemos el poder de permanecer en comunión con Dios viviendo una vida arrepentida, porque nuestra naturaleza pecadora nos inclina a desobedecer y rebelarnos contra Dios. Por eso necesitamos el auxilio divino, tanto para creer como para mantenernos firmes en la fe.

Dios ha provisto su Palabra poderosa para hacernos cristianos arrepentidos. El evangelio es el poder con el que Dios nos auxilia para conservarnos en la fe salvadora, y así concedernos vivir en arrepentimiento continuo. Necesitamos la ley de Dios para hacer morir lo terrenal en nosotros, pero el evangelio para vivir y crecer en nuestra vida espiritual.

Oración:

Señor Jesús, te doy gracias por tu palabra, pues con la ley mi carnalidad es debilitada y con el evangelio mi vida espiritual es fortalecida. Amén.