LA EXTRAÑA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

¡Vean ahora que yo soy único! No hay otro Dios fuera de mí. Yo doy la muerte y devuelvo la vida, causo heridas y doy sanidad. Nadie puede librarse de mi poder.

– Deuteronomio 32:39

No nos gusta pensar que Dios castigue, cause heridas o muerte a nadie. Por el contrario, la gran mayoría, queremos oír que Dios es sentimental, buenito, que no se enoja. Pero, no importando cómo nos imaginemos a Dios, él nunca será como nuestra fantasía. La Biblia nos dice que Dios es amor y quiere lo mejor para su creación, pero también nos dice que él es fuego consumidor (Deuteronomio 4:24).

Todos los seres humanos tenemos un buen concepto de nosotros mismos. Entendemos que no somos perfectos, pero nos consideramos suficientemente buenos como para llegar al cielo por nuestro mérito propio o, por lo menos, que no somos tan malos como los demás. Esta buena opinión que tenemos de nosotros mismos no nos permite percibir nuestra terrible situación delante de Dios. Dios solo acepta lo perfecto en su reino (Mateo 5:48) y no se conforma con menos.

Para darnos consciencia de nuestra triste condición, el Espíritu Santo hace una obra extraña a su principal labor, que es la de obrar en nosotros la fe para salvación (Isaías 28:21). Esta extraña obra consiste en abrirnos los ojos para que veamos nuestro terrible estado delante de Dios: «somos pecadores perdidos». Para lograr esto, el Espíritu Santo usa la ley moral de Dios como un espejo que nos muestra cómo debemos ser y cómo en realidad somos (Juan 16:8), qué exige y qué prohíbe Dios que hagamos. Cuando aprendemos que no hemos sido, ni hemos hecho como Dios quiere, el Espíritu Santo usa la ley con la que nos golpea contundentemente como con un martillo para mostrarnos las consecuencias de nuestros pecados. Cuando estamos aterrorizados por tales consecuencias, el Espíritu Santo nos consuela con el evangelio que nos dice todo lo que Cristo hizo a favor de nosotros al pagar nuestra salvación con su obediencia perfecta y muerte vicaria en sustitución de nosotros. Todo esto lo hace a través de la Biblia, la Palabra de Dios, usando a los diferentes ministros de la iglesia que han sido designados para administrar los medios de gracia.

Los cristianos no estamos bajo la ley, y eso significa que no tenemos que cumplirla. Pero la ley nos revela la santa voluntad de Dios y nosotros, en gratitud, queremos hacer la voluntad de Dios. Por eso con gusto queremos aprender la ley que nos sirve como una guía para obrar la buena voluntad de Dios.

Oración:

Señor Jesús, te doy gracias por tu Palabra, pues con la ley mis viejas pasiones son mortificadas y con el evangelio mi vida espiritual es fortalecida. Amén.